martes, 25 de febrero de 2014

Trasvase

Trasvasar un sentimiento no es tan sencillo como derramar agua en un vaso vacío. Porque hay recipientes humanos tan llenos que introducir algo más sólo sirve para colmarlos. Los hay que están casi secos pero las trazas que quedan emponzoñarían el agua nueva e incluso existen aquellos que de tan vacíos se han quedado porosos y nada permanece en ellos lo suficiente para sentirse alguna vez llenos.

Para los que son torrentes que no entienden de límites, ni de cauces, ni de diques, es complejo entender lo hueco porque sólo quieren llenar y ser llenados. Para los que son lechos resecos y agrietados es complejo entender a los torrentes que los desbordan con su ímpetu. Para los que son recipientes impermeables todo les es complejo porque repeler equivale a ser indiferente en el mundo de las sensaciones.

Sécate bien antes de llenarte, sé flexible para llenarte sin romperte y jamás evites que un poco de algo te pueda traspasar para quedarse dentro de ti, o nunca sabrás si desearías haber sido colmado de ello.
votar

miércoles, 1 de enero de 2014

Mi mudanza

Si me preguntas qué ha sido el 2013 te responderé que ha sido triste y alegre, incierto y seguro, extremadamente raro y jodidamente intenso. Aunque suene contradictorio ha sido así en realidad, genuino y sin parangón. Me ha tocado, me ha desequilibrado y me ha hecho caer al más profundo de los limbos vitales. Allí donde el bien y el mal apenas se distinguen por una escuálida frontera de sensaciones encontradas.

Lo he pasado verdaderamente bien y estrepitosamente mal, la mandíbula se me ha desencajado en la carcajada y sellado en el llanto de amargura. He amado y he perdido, he luchado y he ganado, he hecho todo aquello que he querido hacer sin preguntarme dos veces (más de las que me pregunto habitualmente) el propósito final de mis actos y eso es vida, aunque a veces pueda parecer muerte.

He mudado muchas cosas más allá de la piel, he cambiado mucho sin apenas cambiar nada porque me quedé sin apenas nada de lo que me hacía un todo y aún así soy todo lo que quiero ser.

No ha sido en absoluto mi mejor año, pero ha sido uno de los años más importantes de mi vida porque han pasado tantas personas por delante de mis ojos que he podido ver a muchas de ellas con el corazón para quedarse para siempre en el fondo de mi memoria.

Pero, ¿quién soy yo para juzgar al 2013? Prefiero juzgarme y ser cruel conmigo mismo, abroncarme por haber dicho sí cuando debería haber dicho no y viceversa. Fustigarme por haber dormido mucho menos de lo que mi cuerpo necesitaba. Castigarme por haberme maltratado psicológicamente en batallas en las que siempre va a ganar mi otro yo que sigo siendo yo mismo. Enfadarme por haberme dejado llevar por el hoy sin pensar en el mañana, aunque nunca llegue ese mañana que corrobore el cabreo. Condenarme por todo lo anterior a la más dura de las penas morales, el arrepentimiento.

Para acto seguido refutar la condena, al alegar enajenación vital transitoria con altas dosis de nocturnidad, locura y descaro.

Al 2014 le pido la misma condena, ya me encargaré yo mismo de absolverme sin cargos.

Feliz año
votar