domingo, 28 de abril de 2013

Días


Hay días así, en los que todo comienza cuando acaba. Así de simple, así de complejo, así de cruel, así de real. Una mirada de bajos vuelos como reflejo de la decadencia, un silencio desganado como el peor de los gritos posibles. El espejo donde miras ya no devuelve sonrisas, te entrega reflejos llanos, sin más profundidad que las que asoman por las arrugas de expresión triste. Son esos días.

Por la ventana resbala la lluvia que, ironías de la casualidad, cae como lágrimas del cielo. Todo se pone de acuerdo, se conjunta, se complementa, elevando a la enésima potencia la sensación de vacío interior y expandiendo hasta el infinito la grandeza de lo externo. Ya no alcanzas cualquier cosa, los brazos se acortan y las piernas se agarrotan. Un paso supone un esfuerzo extremo, hablar es una odisea y mirar directamente a los ojos de alguien es sinceramente imposible.

La música alegre es ahora triste y la triste es la que escuchas con más ganas. “Masoquismo melancólico” podría llamarse. Los oídos se calzan el filtro emocional y sólo pasa un sonido en diferido, interferido por millones de imágenes, olores y susurros. Tocar el fuego con las manos quema menos que sostener tu pensamiento, que arde.

Entre las nubes se abre paso algo de luz, llega a la misma ventana que antes dejando cercos que quedan ahora como evidencia de la lluvia, del pasado. Unos cuantos rayos alcanzan tu pierna despojada de la sábana. Notas el calor y te levantas. “Here comes the sun”, él lo puede todo. 

Sonríes…

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