sábado, 7 de julio de 2012

Fábrica de parados incompetentes



En el "Levante-EMV" de hoy aparece el siguiente artículo:

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2012/07/07/universitarios-pagaran-33--matricula-subir-5-euros-credito/918831.html  

Si acceder a la universidad era caro ahora lo es un 33% más. ¡Un 33% más!  

Lo malo es que cuando digo caro, me refiero únicamente al aspecto económico porque cada vez es más “fácil” acceder “académicamente” a la universidad. La falta de consenso en educación ha tenido como resultado una concatenación de leyes cambiantes en función del partido político de turno que está poniendo de manifiesto el fracaso del actual modelo educativo.  

Es frustrante prever el futuro panorama. Un alumno se va a dejar (o mejor sería decir sus padres) un 33% más (alrededor de 1000 euros por curso en función del grado que se trate) para que le impartan una docencia cada vez menos práctica, con menos recursos (incluidos los humanos) y por tanto de menor calidad. Pero más triste aún es comprobar que los alumnos no están ahí por motivación propia, simplemente están para aprobar y sacarse un título que cada vez les capacita para menos. Impulsados por unos padres que quieren para sus hijos lo que no pudieron tener ellos o por el mero hecho de no encontrar una alternativa más fructífera en el escenario social actual.

Para más inri, no sólo es más fácil entrar en la universidad (académicamente hablando) es más fácil continuar avanzando en los estudios aunque seas un manta, para muestra la denominada “evaluación curricular”

Mediante este tipo de evaluación y cito textualmente el artículo 23.5 de la “Normativa de Régimen Académico y Evaluación del Alumnado de la Universidad Politécnica de Valencia”:

http://www.upv.es/miw/infoweb/araec/info/normativa_regimen_evaluacion_alumnado.pdf

“Con carácter general, será condición necesaria para la superación de la evaluación por currículum, haber obtenido, como mínimo, un 4,0 en todas las calificaciones de las asignaturas correspondientes al bloque curricular a evaluar. Se requerirá además que la nota media ponderada por créditos ECTS de las calificaciones de todas las asignaturas que componen el bloque sea igual o superior a 5,0 si se trata del curso selectivo, y de 6,0 para el resto de bloques curriculares”

Es decir, que puede darse el caso de alguien que tenga 8 asignaturas en un bloque, suspenda 4 con un 4 y apruebe 4 con un 6 teniendo de nota media un 5 y apruebe las 8 asignaturas. Sí, sí, esto está pasando actualmente y lo digo por experiencia propia en nuestro grupo donde alumnos con un 3,9 en un examen piden que les pongan un 4 porque así pueden entrar en la evaluación curricular y por el morro aprobar la asignatura. ¿Cómo lo veis? Estos son los futuros ingenieros, licenciados y técnicos que aspirarán a formar parte de la plantillas de empresas públicas o privadas del mañana.

No estoy hablando de últimas asignaturas que se atragantan, cuando estás en la última convocatoria del último año de carrera. No, no, el caso anterior se trata de un caso en mitad de la carrera que tiene, además, otras dos asignaturas suspendidas y que gracias a subir esa décima podría aprobar las tres de golpe. Alucinante, ¿no?

Cuando a mí me daban clase en la universidad (¡y tampoco hace tanto!), me pelaba clases, pedía apuntes y estudiaba a última hora, me iba de botellón y me lo pasé en grande. Eso sí, siempre iba a por la máxima calificación posible porque me encantaba lo que estaba estudiando. Estaba en la universidad porque quería y valoraba lo suficiente el esfuerzo que estaba haciendo mi madre para dejarse un dineral en aquello que, se suponía, me iba a permitir tener un futuro mejor. En la vida se me hubiera ocurrido reclamarle a un profesor que me subiera la nota de un examen que tengo más que suspendido para, utilizando una treta legal, poder tratar de aprobarla por el morro. La honra y el orgullo de aprobar una asignatura por méritos propios parece ser algo de una época remota.

La universidad pública se está convirtiendo, tristemente, en otro negocio más, donde interesa tener contento al cliente (alumno) para que no se marche a la competencia. Una competencia que cada vez es más fuerte desde la universidad privada por ser ahora menor la diferencia de precios entre unas y otras.

Lo que hace mucho era una fábrica de talentos, se convirtió hace poco en fábrica de titulados, para poco después convertirse en una fábrica de parados y tristemente hoy convertirse en una fábrica de parados incompetentes.

No creo que haya que ser uno un lumbreras para darse cuenta de que es absurdo ofertar un número tan elevado de plazas universitarias en un país donde se recorta cada vez más la inversión pública en educación e investigación y donde las empresas nacionales (en general) no saben lo que significan las siglas I+D+i (o no quieren saberlo. Mucho más absurdo, si cabe, es limitar la entrada a la universidad a la gente que menos recursos económicos tiene. Los futuros universitarios deberían serlo únicamente por sus capacidades académicas y no adquisitivas. Quizá así, habría menos probabilidades de encontrar a alguien reclamando con un 3,9 en un examen y más alumnos con 8, 9 o incluso 10.

La solución, desde mi punto de vista, no es fácil. Es más, las medidas que están tomando nuestros gestores nos llevan justo al lado contrario. Hace falta un vuelco total de las bases de la educación cambiando el modelo desde la misma escuela primaria. ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que la revolución industrial acabó hace mucho tiempo y que encima en España no tenemos un tejido industrial tan fuerte como otros países donde sí pueden acoger a sus egresados universitarios? ¿Para qué formar a filólogos e historiadores si después se recorta al máximo en los sectores donde podrían devolver a la sociedad el plus adquirido en su formación? ¿Para qué formar a médicos y enfermeras si cada vez va a ver menos centros sanitarios, van a contar con menos recursos para contratarlos y la gente va a tener menos dinero para poder acudir a ellos?

Os dejo con este genial video explicativo donde Sir Ken Robinson habla de alternativas para cambiar el modelo educativo. Debería ser obligatorio de ver para cualquier persona involucrada en la educación a cualquier nivel y es muy recomendable para el resto de personas que formamos esta sociedad a la deriva:

http://www.youtube.com/watch?v=Z78aaeJR8no
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martes, 22 de mayo de 2012

Recordando lo que queda por vivir

Él tenía los ojos cansados, cubiertos por párpados arrugados sobre unas bolsas repletas de años de experiencias. Llevaba una camisa blanca de lino, arrugada, a juego.  

Miraba al frente, a lo lejos, hasta donde le dejaba su avanzada miopía. Pero mientras andaba contra la brisa, observaba todos sus recuerdos con una nitidez digna de un joven de dieciocho años. Veía aquellos años donde la alegría se transmitía en susurros porque bastaba así para escucharla entre un mar de gritos de tristeza. También aparecían los arañazos de las poderosas garras de la desidia, que no eran más que rasguños en el muro de su conciencia. Se acordó de cuando se empeñaba en coger la autopista del cielo pese a que sólo le dejaban tomar un camino de tierra. Acabó levantando una tremenda polvareda porque voló aunque fuera a ras de suelo.  

Los días que acababan antes de tiempo, los que interminablemente no acababan nunca y los que pasaron sin pena ni gloria, que eran los menos. Sus días se encontraban, en su mayoría, en los extremos de una regla que medía la pasión. Eran días de todo o nada y él siempre lo quería todo.  

El ceño se le frunció levemente a medida que caminaba por los pasajes más inciertos de su existencia. Aquellos tiempos malos que le toco vivir donde el orden estaba descolocado y la lógica de lo moralmente correcto era prisionera del dinero más sucio que existe, el dinero. Allí donde los que eran más parecían muchos menos, dormidos en colchones de promesas puntiagudas vendidas por faquires de corbata y traje negro. Tristes por no ver el sol detrás de unas nubes impuestas por hombres del tiempo demasiado poco halagüeños. Desencantados de la vida real viviendo encantados en un mundo irreal del que les costó escapar.  

Al ceño melancólico se le sumó una leve sonrisa mientras recordaba aquello que vino después. El despertar, la conciencia global, el egoísmo desterrado, las caras sonrientes, el miedo temeroso que huye, los besos que se dan y no sólo se reciben, las riendas en las manos y no como sogas al cuello, la rabia erradicada con inyecciones de cooperación, el rencor arrinconado, los adultos que dejan de ser niños dejando a los niños ser niños, las palabras en la nuca y los gatillos desvencijados…  

Un apretón de manos lo trajo de nuevo a tierra, su mirada cansada abandonó lo lejano y se centró en su lado. No paseaba sólo, lo hacía acompañado. Ella no llevaba lino blanco pero sí las mismas arrugas de los años. Bastó mirarla a los ojos para darse cuenta que todo había ya pasado. El ceño doblado desapareció al fin al darse cuenta que todo lo vivido sucedió a su lado. La sonrisa de ella contagió la suya y en silencio siguieron caminando.  

Hoy he soñado que soñaba que yo era él y tú eras ella. Un sueño dentro de un sueño por ser tú el sueño de mis sueños despertados. 
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sábado, 25 de febrero de 2012

La juventud imbécil



No me lo acababa de creer, pero es una realidad. El ser humano es imbécil. Rematadamente imbécil. Ha conseguido ser proporcionalmente tan vanidoso por fuera como vacío por dentro y así, el optimismo que siempre he mostrado por mi especie se está diluyendo más rápido que una buena idea en el cerebro del homo ¿sapiens?

No salgo de mi asombro al comprobar la manera en que la historia se repite una y otra vez, siguiendo un guión casi calcado al anterior, en un proceso de autodestrucción que nos dirige a las cenizas de las que, espero, volvamos a resurgir algún día. Con lo fácil que sería no tener que llegar a tocar la llama para saber que el fuego quema.

Jóvenes valencianos (menores o no, me da exactamente igual), protestando por los recortes en educación que está llevando a cabo el actual gobierno. Cargas policiales desproporcionadas. Algún energúmeno entre los manifestantes quemando contenedores. Algún que otro Australopithecus afarensis entre la policía dando rienda suelta a su limitado coeficiente intelectual (inversamente proporcional al volumen de sus músculos). Prensa cavernícola tergiversando la realidad de los hechos en defensa de la actuación policial. Partidos políticos, con actitud no menos prehistórica, secuestrando el protagonismo de unas reivindicaciones que no son exclusivas (o no deberían serlo) de una marca comercial (perdón, política) en concreto. Resultado: Amago de revolución social fallida. Otra vez.

No aprendemos, nunca lo hacemos.

Para el que no lo sepa aún, o no se haya querido dar por aludido, o viva en su mundo de fantasía y color, o simplemente sea un maravilloso ejemplo de humanoide que la sociedad occidental de los últimos años ha moldeado hasta convertir en un espécimen de “no-me-interesa-la-política”; a todos ellos comentarles que de esta crisis no salimos pacíficamente si no nos ponemos serios y empezamos a utilizar la cabeza para algo más que para apoyarla en la almohada.

Antes que nada y para ser considerado, voy reconocer el enorme éxito que han tenido las élites de poder y los grupos de presión financieros para anestesiarnos completamente en un proceso de varios años (décadas incluso) que nos ha conducido a lo que somos hoy en día, marionetas. Si alguien se considera completamente libre, que no se engañe, no lo es. El truco era y es fácil de ver, pero el mago tiene una habilidad sobrenatural de desviar la atención del espectador hasta convencerle de una bonita realidad que no deja de ser la más cruda de las ilusiones.

Las generaciones pasadas no es que fueran más inteligentes que nosotros, es que, aunque pueda sonar paradójico, lo tenían fácil a la hora de luchar por algo porque no tenían nada. Hoy, curiosamente, lo tenemos todo y no luchamos por nada.

Antes, cuando las dificultades económicas eran el elemento prevalente, cuando lo que más le preocupaba a los jóvenes dentro de la lista de prioridades vitales era tener algo que llevarse a la boca o el mero hecho de ser libres para elegir quién les gobernaba, no es difícil entender que comenzaran a movilizarse y organizarse para intentar cambiar su realidad.

Hoy, cuando las dificultades económicas son algo nuevo e irrumpen casi como un brote epidémico, cuando lo que más nos preocupa son las características del móvil última generación que nos acabamos de comprar, que Belén Esteban mate una mosca en un plató de televisión, que el Madrid esté a 10 puntos del Barça, que la conexión a Internet sea la más rápida del vecindario, que podamos conseguir una entrada para el nuevo concierto de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat o que se haya descargado el último capítulo de nuestra serie favorita, moverse del sillón para reclamar por la futura pérdida de algo que todavía tienes se me antoja harto complicado para el joven anestesiado medio español.

Los medios de comunicación de masas, la televisión en particular, han sido las herramientas utilizadas para lograr el hechizo. La publicidad, las marcas, los famosos y las marcas, los famosos y la publicidad, el afán por conseguir lo que el famoso tiene, el deseo por acaparar lo último que se publicita, el sueño de conseguir lo que otros no tienen antes que lo tengan, la necesidad de conseguirlo, la necesidad de vivir con ello, la jodida y maldita necesidad. Exhibición-deseo-necesidad. Fácil, sencillo y efectivo. Anestesia pura. Droga dura diría yo.

Súmale a todo eso lo valioso de la libertad de expresión, la “democracia” y los derechos laborales, educativos y sanitarios adquiridos (conquistados por nuestros padres) y tenemos el mejor cóctel de atontamiento posible. El no va más.

Ahora intenta tú movilizar a algún joven a ir a una manifestación para evitar la futura pérdida de esos derechos cuando todavía sigue disfrutando de los mismos (algunos ya recortados) y vive atrapado en la red de consumo tan bien tejida desde hace tiempo. ¡Venga va! ¡Estamos locos! Un poquito de vandalismo por parte de algún gilipollas y ya se ha descolgado un nutrido grupo de personas contrarias al uso de la violencia. Otro poquito de manipulación mediática para presentar a los jóvenes como antisistemas y perroflautas para evitar que se una gente con prejuicios sociales y finalmente otro poco de polarización política e ideológica en las protestas y ya está. Nada. Absolutamente nada.

Mientras tanto, en alguna mansión de lujo o en un despacho con asiento de cuero, delante de un ordenador, ese mago en forma de especulador financiero compra deuda calificada como “bono basura” con una prima de riesgo elevadísima a un país europeo de cuyo nombre no quiero acordarme. Con lo que ese país deberá devolver ese dinero colocado a un interés altísimo, aumentando su deuda en un ciclo sin fin. Asfixiando la capacidad pública de maniobrar ante la crisis y provocando de manera cruel que la población de ese país viva con la soga al cuello. Todo con un clic desde un dedo sin escrúpulos. Descojonado tiene que estar el sujeto viendo como nos tragamos, una tras otra, todas las medidas de ajuste realizadas tanto por gobiernos del PSOE como ahora del PP.

Aquí, por nuestra parte, seguimos orgullosos de ser el país que cuenta con 5 200 000 parados “oficiales” (22% de paro), consintiendo que nos exploten en “negro” por sueldos de risa, evitando que las arcas públicas se recuperen e imposibilitando tener una pensión digna en el futuro. Imperturbables ante un cambio constitucional que se tramitó en unos pocos días cuando nos han vendido la carta magna como algo intocable. Impasibles ante los miles de afectados por los desahucios. Ignorantes ante la manipulación de los medios de comunicación. Crédulos ante las promesas electorales de los dos partidos que se turnan en el poder. Ajenos a la intensa corrupción política imperante. Indiferentes ante el rumbo de los acontecimientos sociales, económicos y políticos que nos rodean. Pasivos ante la que se nos viene encima.

Eso sí, indignados con los guiñoles franceses. ¡Qué se han creído!

Sigamos discutiendo si eres de derechas o de izquierdas, si llevas rastas o polos de marca, si te afeitas o llevas la raya en medio, si eres creyente, ateo o agnóstico, tu condición sexual o el color de tu piel. Sigamos perdiendo el tiempo hasta el infinito, fríos pese al calor que reclama la calle, perdiendo la oportunidad única que tenemos de convertirnos en rebeldes con causa.

Como dicen en “Game of Thrones”: “winter is coming…”

Y aquí seguimos nosotros, sin encontrar la cerilla que prenda la llama que finalmente nos caliente a todos.
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