martes, 1 de noviembre de 2011

Culpable

Cuando, algún día, el relieve de mi piel de gallina se atreva a hablar y declare todo lo que tiene guardado en cada uno de sus surcos, no habrá abogado que se atreva a llevar tu caso. Es algo tan perdido de antemano que tan sólo un loco se atrevería a defender una causa tan perdida como tú. Perdida en la inmensidad de tu mirada perdida. Ésa que se distrae dibujando escenarios imposibles que convierte en los más probables más tarde y en hechos finalmente palpables. Con esa facilidad absoluta que tienes para enhebrar el pajar entero dentro de la aguja que perdiste en él, del mismo modo que cuando se te ocurrió la genial idea de ordenar mi rumbo confuso con el hilo de tus manos. Parecía de locos y tú los volviste cuerdos a todos.

Eres la culpable de convertirme en una marioneta de sonrisas que no para de lanzarte cuerdas para que me muevas por el espacio.

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