martes, 1 de noviembre de 2011

Culpable

Cuando, algún día, el relieve de mi piel de gallina se atreva a hablar y declare todo lo que tiene guardado en cada uno de sus surcos, no habrá abogado que se atreva a llevar tu caso. Es algo tan perdido de antemano que tan sólo un loco se atrevería a defender una causa tan perdida como tú. Perdida en la inmensidad de tu mirada perdida. Ésa que se distrae dibujando escenarios imposibles que convierte en los más probables más tarde y en hechos finalmente palpables. Con esa facilidad absoluta que tienes para enhebrar el pajar entero dentro de la aguja que perdiste en él, del mismo modo que cuando se te ocurrió la genial idea de ordenar mi rumbo confuso con el hilo de tus manos. Parecía de locos y tú los volviste cuerdos a todos.

Eres la culpable de convertirme en una marioneta de sonrisas que no para de lanzarte cuerdas para que me muevas por el espacio.

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lunes, 5 de septiembre de 2011

Esperando


La distancia ayuda a reconocer los detalles de la cercanía. Al contrario de lo que pueda parecer, cuanto más lejos está una persona más fácil es apreciar sus rasgos. Añorar a alguien no es sino describir mentalmente lo que representa y anhelar el contacto físico que ahora es pura imaginación.

Lo que más me ayuda a entenderlo todo es el acompañante de la lejanía, el inoportuno tiempo. Él te da la libertad suficiente para recorrer la memoria en un viaje de paradas continuas en hoteles lujosos de evocaciones, con las vistas más escalofriantes al roce de una piel.

Me resulta tan incómodo echarte de menos que hasta en la propia mala postura encuentro el punto de confort necesario por ser la culpable del recuerdo. Es tan sencillo desearte a lo lejos como amarte de cerca y viceversa. Siempre cargando el mismo plato de la balanza que calcula el tiempo que empleo en divagar, desequilibrándola hacia el único lado posible que representas.

Me sobra la cama cuando no estás igual que cuando estás presente pero por diferentes razones, en el primer caso porque te echo de menos y en el segundo porque me echas de ella, o más bien me abrazas tan fuerte que me olvido de que existe algo mullido debajo que me sostiene.

Me falta esa imprescindible manera tuya de alimentar mi mundo cuando estás a centímetros de distancia. El ciego aún tiene sus manos, yo quiero de nuevo las mías. votar

lunes, 13 de junio de 2011

Extraordinaria

Ando escuchando de nuevo esa canción que había olvidado en el rincón de los momentos irrepetibles y me ha sonado como nueva, irreconocible, pero envolviendo, eso sí, un contexto mucho más apasionante.

Como cuando te relames los labios tras comerte un helado o dejas caer un último chorro de agua fría en la ducha, despertar y verte a mi lado es más vibrante que el propio helado o la propia ducha. Mucho más emocionante que el haber dormido abrazado a ti. Es la certeza de que sigues a mi lado pese a que el sueño ya ha pasado o es soñar que estás a mi lado y es todo cierto.

Las cosas no me huelen igual, me huelen más y me huelen a ti. Si es una comida, es la que comimos juntos hace poco o es la que me comí solo porque estabas lejos. Si es el teléfono sonando eres tú al otro lado aunque luego no lo seas. Si es la primera nota de un piano es nuestra canción. Si me pongo una camisa, eres tú quien me la quita. Si me tapo con la sábana me cubres con tus brazos. No importa que hayas llegado tarde, ya deseo esperarte tarde otro día más.

Sonreír sin motivo aparente es algo común ahora que las apariencias olvidaron esconder los sentimientos. No hay mayor felicidad que comprobar como el miedo a ser feliz está aterrorizado por tu propia felicidad. Algo así como Stephen King escribiendo “La terrible felicidad del miedo”. Algo tan sencillo como vivir a tu lado y darte cuenta de lo complejo que era el antes de haberlo hecho. Tan lejano parece como cercano es y, sin embargo, sigo sin entender cómo no me había encantado antes con esa sutil manera tuya de ser simplemente la mejor.

Lo más extraordinario de haberte conocido no es lo bueno que me das cuando estoy a tu lado es lo que no me das cuando no lo estás, por haber impregnado todo de todo lo que eres.

Gracias, por existir.


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domingo, 27 de febrero de 2011

Hallados

El otro día, andando por un parque sin rumbo fijo, me encontré un libro abandonado en un banco de madera, lo cogí intrigado y lo abrí por una hoja al azar. Nada más empezar a leer me di cuenta de que conocía toda la historia hasta ese punto narrada. Era completamente sabedor de algo que ni siquiera había leído o escuchado, al menos no conscientemente. Quizá me hubiera gustado inventarlo a mí y por eso me resultaba tan cercano. De pronto comprobaba que alguien ya lo había plasmado sobre el papel como si hubiera habitado en mi cabeza mucho antes si quiera que mi mente imaginara tales acontecimientos.

Sosteniéndolo en las manos, el libro me trajo mil recuerdos del pasado, me rellenó de melancolía y me dibujó una sonrisa boba en los labios. A su vez me hizo recordar muchos viejos fantasmas y otras tantas personas de carne y hueso y, como no, también me trajo fantasmas de carne y hueso de los que nunca logran escapar de tu mente.

La tapa que lo protegía era dura, pero ligera. El tacto se asemejaba al de una sábana de lino. Tenía la extraña sensación de empezar una historia que en realidad ya había empezado hace tiempo.

“…la encontré sin haberla buscado, me buscó ella con la mirada y al fin nos hallamos.”

Paré de leer, cerré el libro de golpe y lo puse bajo el brazo. Me dirigí hacia la parada de metro más cercana. Sabía dónde y cuándo localizar mi meta, sin entender todavía por qué la perseguía. Llegué justo para sacar el bono de la cartera, pasarlo por el lector y agarrarme a una de las barras metálicas del vagón de cola tras correr con el pitido de cierre de puertas metiéndome prisa.

El trayecto me permitió rememorar cada detalle del libro: sus innumerables personajes, las situaciones más estrambóticas, las más intensas pasiones, las historias de amor y desamor de los protagonistas. La pérdida y el reencuentro. La eterna bondad de ella, su dulzura y su cariño, su inteligencia e inquietudes, su risa y sus abrazos, su camaleónica manera de atraer. El optimismo puro de él, el ostracismo vivido en los últimos tiempos, el autorretrato pintado con pincel fino de facciones marcadas por el largo y a veces tedioso camino recorrido.

En la estación de destino, el ruido del metro se perdía en la lejanía a medida que subía las escaleras mecánicas en dirección a la superficie. Era curioso observar las expresiones de los rostros de la gente que bajaba en dirección contraria a la mía. Ellos ansiaban empezar su viaje, yo lo había dejado atrás. En sus ojos se vislumbraba el brillo de la impaciencia, en los míos el reflejo aséptico del que ya no espera nada más, porque la espera había acabado.

Con la prisa en los tobillos comencé a correr sobre las escaleras con el objetivo de arañar unos segundos más al reloj y llegar a la desconocida cita unos segundos antes. Aún a sabiendas de que mis quince minutos de retraso  -y de rigor- ya no me los iba a quitar nadie, maldije para mis adentros al encontrarme con la típica persona que se pone en el lado izquierdo de la escalera y te impide el paso. Adiós a mis míseros cinco segundos de ahorro.

En el exterior, la temperatura había aumentado considerablemente. Me sobraba  la chaqueta pero no lo suficiente para ganarle la partida a lo incómodo de llevarla bajo el brazo. Así que opté por ir por la sombra y recorrer a buen ritmo los escasos cien metros que faltaban para llegar al cruce donde debía pararme.

Cuando el devenir no deviene como esperas aguardas la llegada de un futuro vacío de esperas. Porque no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor por el mero hecho de ser pasado, entendí entonces que las oportunidades que se presentaron una vez no vuelven con la misma forma, pero llegan otras con el mismo fondo y en su profundidad está lo valioso. Miré mi reflejo en los cristales de las tiendas al pasar y no me vi a mí sino a alguien mejor que yo. Vi el reflejo de alguien que estaba a punto de conocerse como nunca por conocer a alguien como nunca antes había conocido.

Estaba de pie, leyendo un libro de tapa dura sospechosamente familiar, llevaba un colgante de cuentas marrones y negras y una maleta enorme cargada de sueños. Tantos como los que llevaba yo escondidos en mis manos. Sueños que deseaban salir de su obligada prisión de días donde se estrellaban sin noches estrelladas. Temblé al sacar el alma a tomar el aire después de tanto tiempo. Me acerqué y sonreí al comprobar que la conocía. La encontré sin haberla buscado, me buscó ella con la mirada y al fin nos hallamos. votar

martes, 8 de febrero de 2011

Recurrencia

Una densa capa de polvo sobre el lado opuesto de su corazón, decía que no a todo lo anterior y negaba cualquier posibilidad para algo posterior. Cerrado, por motivos personales, por desahucio de una dueña maltratada de caricias vacías, llenas de llanto. Abierto, para el olvido de lunas llenas y vacías de abrazos.

Una copa estrellada, un cristal roto de testigo, una mancha de vino rojo, un dolor que gritaba más alto que el ruido del golpe contra el suelo, callaba más que el más frío de los silencios y quemaba el espíritu como lo hacía el último trago del gran reserva al pasar por su garganta, antes de que lanzara la copa contra el suelo.

No quiso mirarlo a los ojos, lo miró directamente al alma. No quería censurarlo, quería no haberlo conocido jamás, para no tener que olvidarlo ahora por siempre. No estaba triste, estaba exhausta de excusas, harta de sus verdades increíbles y repleta del cansancio que acompaña a las que tropiezan con la misma piedra para recorrer de nuevo el mismo camino y volverse a tropezar. Kilómetros de andadura sobre caminos memorizados, experiencias calcadas sobre varios calcos. Señales luminosas ignoradas que dirigen hacia el precipicio, donde se lanzaba ella sin paracaídas, por creer saber volar sin tan siquiera saber correr en la dirección contraria.

Abrió la puerta sin hablar por su boca y diciendo todo con su portazo. Salió llorando sin lágrimas, por orgullo o quizá porque no le quedaban más, pero salió. En la habitación quedó su perfume mezclado con el aroma a vino derramado, un par de velas encendidas, dos platos a medio terminar y un imbécil con la más patética de las caras desencajadas. Un móvil en la mesa con la pantalla todavía iluminada. Un mensaje de texto sin terminar de leer. El más cruel de los descuidos en forma de un “te espero cuando la dejes en su casa…”

Lo peor no era la decisión con la que se levantó de la mesa, ni la rabia en su gesto, ni lo poco que dejaba a la imaginación con su respiración entrecortada al dirigirse a la puerta.

Lo peor no era el adiós para siempre. Lo peor, sin duda, es que ella sabía que no era para siempre, era hasta mañana. votar

domingo, 30 de enero de 2011

Hasta siempre Isa

La vida se puede describir como ese conjunto de experiencias de las que somos protagonistas que ocurren desde que nacemos hasta que perecemos y que suceden tan deprisa a veces, y tan despacio otras, que esquivan el orden impuesto por lo que consideramos lógico y justo. Es una película cuyo guión se escribe con la libreta invisible de las direcciones tomadas y el lápiz indeleble de las decisiones emprendidas. Todo queda después plasmado en una buena letra de recuerdos registrados.

En su transcurrir la letra inconscientemente avanza con nuestras historias cotidianas, las anécdotas más curiosas, los dolores de cabeza intensos y los más apacibles y calmos estados de ánimo. A veces es poesía, otras es prosa. Muchas veces rima, otras tantas reflexiona. Hay comas y puntos y puntos y coma, pero también inexplicables puntos finales.

Hace unos días la mina de tu lápiz se quebró de repente y las manos que sujetan los nuestros no supieron qué decir. Se quedaron mudas y gritando, se sintieron sordas sin tu dictado.

Buscamos un borrador en vano pues lo indeleble queda eternamente grabado, esperamos a que la esperanza nos esperara y nos dejó de lado. Inspiramos profundamente y con dificultad resoplamos. En tu libreta quedó el tachón de la mina rota. En la nuestra el vacío de tu historia inacabada, llena de sonrisas regaladas, ayuda incondicional y lecciones enseñadas.

No nos olvidamos de haberte deseado un buen fin de semana hace un par de jueves, ni asimilamos la noticia el lunes pasado, ni asumimos el triste final del miércoles, ni nos consuela el adiós del viernes. Mañana oiremos la puerta de tu despacho abrirse, veremos tus correcciones en rojo en cada folio y pedirás, como casi siempre, un cigarro. Quizá ya no sea real, sea inventado. Pero seguro que nos sirve para mantenerte a nuestro lado.

Las buenas personas no se definen por todo lo que son capaces de llenar, sino por el vacío que dejan en su ausencia y el que nos dejas es inabarcable.

Te vamos a echar mucho de menos.

Hasta siempre Isa… votar

sábado, 29 de enero de 2011

Gracias

Joven, 27 años, diplomado en Nutrición Humana y Dietética, licenciado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, con un máster en Ciencia e Ingeniería de Alimentos, cotizando este año por primera vez tras 3 años de doctorado; ya sabe que si deja de cotizar unos pocos meses en lo que le resta de vida laboral no podrá optar al 100% de su futura pensión. Gracias por esta magnífica reforma de las pensiones que eleva a 67 la edad de jubilación y a 38.5 años el periodo de cotización requerido para optar a la totalidad de las mismas.

Quiero agradecer, desde lo más profundo de mi corazón, a este gobierno “socialista” que tras reunirse con los sindicatos nos ha dado la limosna de contabilizar los periodos de beca (máximo 2 años) como computables en esos 38.5 años. Muchas gracias por la caridad.

También quiero agradecer el esfuerzo sobrehumano de la gente en general  y especialmente de los aproximadamente 4 500 000 de parados por su presión en la calle, por sus manifestaciones paralizadoras de la economía del país. Por sus gritos despiadados e hirientes contra los abominables mercados financieros. Por plantarles cara a los que se enriquecen a costa de sus sueldos miserables o subsidios con fecha de caducidad.

Gracias a todos ellos por movilizarse como cuando España ganó el mundial de fútbol (qué noche la de aquel día). Gracias por agolparse frente a las puertas de los grandes almacenes a la hora “H” del día “D” (7 de enero de un año cualquiera) y emplear todas sus energías para localizar ese pedazo de tecnología puntera como nunca hubo otra igual o ese espectacular pantalón vaquero que una niña hindú cosió para ponerles el culo bien arriba y poder lucirlo con estilo.

No me quiero olvidar, por supuesto, de la clase política en general, por su trabajo desinteresado por el bien común, por la búsqueda de acuerdos en temas tan esenciales como "educación", que nos han situado en esta aletargada cima de la ignorancia más supina convirtiéndonos en maravillosas marionetas que se fabrican sus propios hilos. Gracias por esos pactos globales económicos que batallan contra la crisis actual. Gracias por localizar al fin a ese enemigo común en forma de gente asalariada que lucha por sus derechos. ¿Cómo se les ocurre a los necios trabajadores reclamar un salario digno, una estabilidad laboral y un plan de pensiones público decente? Valiente montón de descarados, vagos y aprovechados. Gracias por acotar su poder adquisitivo. Gracias por regalarnos vuestras sublimes apariciones públicas, vuestro verbo, vuestra clarividente oratoria y vuestro saber estar, gracias por ser ese espejo en que cualquier niño quisiera verse reflejado (para acto seguido vomitar).

Gracias a todos los creyentes, agnósticos y ateos por vuestras magníficas, enriquecedoras y respetuosas discusiones acerca de lo que nos separa en vez de lo que nos une. Gracias por seguir inculcando valores de respeto y tolerancia y forjar en vuestros hijos ese maravilloso don llamado empatía que aflora entre las baldosas de cualquier ciudad del mundo.

Mi más sincera reverencia a la mano invisible creadora y omnisciente del mercado financiero.  Por crear dinero de la nada y transformarlo en deuda, hacer negocio con la deuda y seguir creando más aún, pero sobre todo por manipular a la ingente cantidad de imbéciles que comemos de tu mano sin rechistar: ¡Oh, Dios financiero! Eres asquerosamente cabrón.

Especial mención a las madres que parieron a los economistas que todavía creen que la crisis está  a punto de acabar. Porque sin saberlo, las pobres, trajeron al mundo a seres cándidos que todavía están convencidos que una economía basada en el crecimiento sin fin tiene lógica en un planeta con recursos finitos. Bravo por ellas, por tener que aguantar las broncas de las generaciones futuras por no haber detenido esto a tiempo cuando ellas no tuvieron la culpa.

Gracias a todos, de verdad, desde lo más profundo de mi alma, por vuestra codicia, avaricia y egoísmo.

Por último, me doy las gracias a mí mismo por ser parte de todo lo anterior.

Sé que algún día me arrepentiré por haber dado tanto las gracias hoy, será la señal de que habremos cambiado.

Si podéis, tenéis tiempo y ganas de que os hierva la sangre, no dejéis de ver el siguiente video y si lo consideráis oportuno, difundidlo:

http://www.youtube.com/watch?v=4Z9WVZddH9w

¿Utopía? Para mí no y deseo que para vosotros tampoco.

PD: para verlo con subtítulos, pinchad en el botón "CC" del visor del youtube. votar