sábado, 9 de enero de 2010

Orden y caos

Ayer el “orden” conoció al “caos”, aunque mejor dicho, se lo encontró de nuevo, pero esta vez aprendió por fin quién era él (o eso creyó). Se citaron al café de media tarde para saldar sus cuentas pendientes y hablar de sus presentes. El futuro hace tiempo que dejó de importarles, al menos como les importaba antes.

El “orden” iba de negro, seguía de luto desde que se perdió en un camino oscuro lleno de aullidos de lobo donde se lo comieron vivo. El “caos” llevaba un vestido de colores donde el “orden” creyó ver dibujadas espirales que tras observarlas hipnotizado lo devolvían al mismo punto de partida, una y otra vez.

El “orden” le reprochó al “caos” su falta de orden. El “caos” le recriminó al orden su incomprensión hacia el alboroto. Mientras, la anarquía salía de la boca del “caos” en idioma ininteligible para el estructurado cerebro de su acompañante. Éste no entendía al otro, ni el otro entendía al uno y pese a todo siguieron hablándose y oyéndose sin explicarse y escucharse.

El “orden” intentó entonces plasmar en un papel lo que el “caos” pausadamente le dictaba, pero pronto los garabatos de tinta escritos por su mano quedaron huérfanos de la razón de su mente y extraños en la transcripción de unos oídos tan limpios de contradicción. Lo dibujado acabó siendo un detallado mapa del tesoro con una “X” marcada en ninguna parte.

Fue entonces cuando se miraron con ojos extraños y el “orden” le sermoneó mil y un eventos del pasado de caos que vivió con el “caos” y se disculpó éste por no haber intención en sus actos de hacer daño con su esencia, de la que quedó prendado el “orden” y que terminó siendo el veneno que lo transformó en quien era realmente: el “orden”.

No le faltaba razón al “caos” por querer vivir en él. Ni le faltaba razón al “orden” por reprocharle al “caos” haberlo arrastrado a su confusión. Lo que les faltaba a los dos eran motivos para hablarse de tú a tú sin traductores oficiales “orden-caos / caos-orden” para dar significado a palabras con tanto eco en tan mutuamente vacías conciencias.

El “caos” cerró su discurso con los vellos de punta provocados por las emociones tan contradictoriamente deseadas. El “orden” se admitió vencido en sus pretensiones de encauzar al “caos” en una vida de coordenadas exactas, opuestas a la irrealidad de los números con los que éste calculaba sus rutas de sentidos alternativamente contrarios.

Así pues, el “orden” suspiró y definió con tristeza al “caos”:

“Caos, tú eres el convertir lo natural en artificial en un continuo real de hacer las cosas más complicadas de lo que parecen y no son y aún así encontrarlas lo suficientemente interesantes para ser momentáneamente feliz y duraderamente desgraciado al mismo tiempo.”

El “caos” se limitó a contestar con una sonrisa que decía en voz alta: “gracias por tergiversarme tan bien, pese a no entenderme te esfuerzas por comprenderme sin poder llegar jamás a hacerlo, al fin y al cabo y sin que sirva de precedente, yo tampoco te entenderé nunca.”

El “orden” vaciló un segundo ante el directo significado de ese gesto, mas acto seguido comprendió, al fin, que en su pasado quiso amar al “caos” sin darse cuenta que éste ya amaba a su orden ideal: el “des-orden”.

Se levantaron sin prisas, se miraron de soslayo y se despidieron sin pausas. votar

2 comentarios:

  1. Sólo los que conocemos como se entremezclan el orden y el caos, te entendemos.
    Mi vida es un puto caos dentro de un orden psicomágico xDDDD (lo de psicomágico es un vacile a lo Jodorowsky).
    Muaks!

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  2. Yo soy más del orden que de el caos (en lo sentimental claro), en el resto sí que practico ese orden psicomágico que tú dices! Jajaja!!!
    Muaks

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