lunes, 27 de diciembre de 2010

Deseo de año nuevo

Termina un giro y con él empieza el futuro. Retomamos lo que no acabamos y olvidamos lo que nunca llegaremos a empezar. Un nuevo ciclo para que inventemos nuestra vida desde el 1 de enero al 31 de diciembre.

Sin respiro, inspiramos lo nuevo sin comprender a qué olía lo viejo. Como víctimas de la continuidad y verdugos de lo discreto nos abalanzamos hacia los inabarcables buenos propósitos de siempre sin regodearnos en los pequeños logros conseguidos. Avanzamos sin saborear lo vivido por miedo a dejar de tragar experiencias que acabarán siendo insípidas.

Porque siempre se habla de vivir mucho y poco o nada de saberlo vivir, porque avanzar es menos importante que aprender a hacerlo y porque contemplar, sin más, es más transcendente que el propio avance, por todo ello, al año que viene le pido:

1 hora más al día.

Una hora especial, exclusiva e inalterable donde, en una especie de animación suspendida, se detenga el movimiento, la prisa y el cansancio y se potencie al máximo el recuerdo.

Para poder pensar en todo lo que he dicho y cómo lo he dicho. Revivir lo que he sentido y cómo lo he sentido. Pero especialmente con quién lo he disfrutado o sufrido. Porque son las personas las que dan sentido a cada palabra, visión, sonido, olor, tacto o sabor que me acompaña.

Poder recordar sin tener que preocuparse de crear el minuto siguiente sería el mejor regalo que nos podrían hacer. Lograríamos entender lo que nos ha ocurrido sin la interferencia de analizar lo que nos está pasando ahora. Sin el requisito imperioso de dar resultado a un contexto dado. Con la tranquilidad de disfrutar de la vida sabiendo que ésta no pasa de largo.

Si mi deseo se cumpliera quiero encontraros a tod@s allí. En ese espacio sin dimensión donde cabe todo lo que no cabe en nuestra realidad por querer ser ésta un suspiro del futuro que no nos deja ver el presente. En ese hueco donde mi única “obligación” será disfrutar de vosotr@s.

Allí donde siempre seré puntual, porque nunca llegaré tarde en un tiempo que no existe.

Os deseo lo mejor para el 2011. votar

sábado, 13 de noviembre de 2010

Nuestra indeterminación

Mi “yo” es potencia en base de “ti”. Tú en el numerador, yo en el denominador (por mi costumbre de ponerle nombre a todo). Tú eres infinito cuando “x” tiende a infinito, yo soy infinito por ser tú la base de mi potencia. Infinito partido infinito es igual a una indeterminación. La indeterminación matemática del “nosotros” que únicamente se resuelve con el álgebra del amor y todas sus incógnitas...
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martes, 12 de octubre de 2010

El olor de sus noches

Ella hace crecer el día en altura
hasta que él, con su noche, trepa a su cintura.

Es posible que caiga al abismo de horas de luz
pero lleva consigo millones de estrellas negras.

La oscuridad no es problema entonces
para verse con el tacto de suaves manos,
de sueños despertados y ciegas miradas tejidas de llanto.

Del llanto seco de espinas,
de rosas mojadas de lágrimas.

Lágrimas de sudor tras alcanzar la cima de su ombligo
para caer de nuevo al fondo de su olvido.
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domingo, 10 de octubre de 2010

El nexo que recuerda mi olvido

Detrás de la espesa niebla se empezaba a vislumbrar la silueta de Carmen. Vestía  una cazadora granate con tres grandes botones negros, una falda larga que cubría sus rodillas y zapatos de tacón. De la mano iba cogida mi pequeña Violeta, con dos trenzas colgando delante de sus hombros y  sus dientes de leche sobresaliendo de esa contagiosa sonrisa que llevaba a todas partes. 

Aceleré el paso. Al llegar a su altura lancé el maletín al suelo y las abracé con todas mis fuerzas.  Estábamos en un andén de la Estación del Norte y dejaba atrás tres largos meses de estancia en Madrid impartiendo un seminario sobre inmunología en el Hospital Gregorio Marañón. Tenía tantas ganas de volver a verlas y llegar a casa que casi olvido recoger el maletín. A Carmen le saltaron un par de lágrimas, algo tan complicado de ver en ella que me provocó un ataque de risa mientras se las secaba. 

–Ya estamos los tres juntos pequeña –le dije mientras me contestaba con otro fuerte achuchón. 

Al empujar el portón de salida de la estación aparecimos en el estudio de casa. Violeta estaba sentada a mi izquierda y fruncía el ceño mientras pensaba cómo resolver el problema número tres de su cuadernillo de matemáticas. 

–Papá, cinco por siete eran treinta y cinco, ¿no? –me preguntó tras unos segundos de duda. 

–Muy bien “pulga” –le contesté dándole un beso en la mejilla. Al otro lado de la habitación, sorprendí a Carmen mirándonos abstraída en un gesto de felicidad, sujetaba con la mano un libro que hacía rato había dejado de lado. 

–Nos esperas aquí un momento – le dije–. Voy a dar un paseo con la “peque”­ –Ella asintió con la cabeza y sin dejar de sonreír volvió a su lectura. 

Cogí a Violeta en brazos y abrí el ventanal.  Trepé al alféizar y de un salto salimos volando rápidamente de allí. Sobrevolamos primero el parque de Viveros y el antiguo cauce del río Turia. Violeta no paraba de preguntar por todo lo que veía. Era curiosa. Desde que nació no tuve dudas que conseguiría lo que se propusiera en la vida. 

–Sabes una cosa “pulga”, llegará el día en que serás tan sabia que seré yo quien no pare de preguntarte cosas –sus ojos reflejaban el orgullo que sentía por ella. La quería tanto… 

–Eso no puede será Papá, ¡tú lo sabes todo! –descendí suavemente y aterrizamos sobre el empedrado de una gran plaza. 

–En realidad sólo recuerdo lo que amo con todas mis fuerzas y es ese amor el que hace que el recuerdo se transforme en conocimiento.  “Pulga” nunca ames a medias y serás sabia. Te conozco tanto.– Me miró con cara de incomprensión, acto seguido me dio la mano y me guió hacia el centro de la plaza. 

–Papá, me voy a jugar al columpio, ¿puedo?

–Claro que sí, preciosa, ¡corre! 

Una fuerte ráfaga de viento arrastró un trozo de papel  hacia mí que se quedó enganchado en un camal de mi pantalón. Me agaché y leí lo que ponía. “Mira detrás de ti”. Me  di la vuelta lleno de curiosidad y vi a lo lejos una chica joven, de unos veinte años, sentada en un banco de madera. Estaba sola y leía un pequeño libro de bolsillo. Me acerqué con sigilo bordeando el seto que cercaba un jardín de rosas rojas con una gran fuente de cuatro chorros en medio. Ella alzó la vista y retiró el flequillo que cubría su ojo izquierdo.  Era la cara más bonita que había visto nunca.  

Sin dudarlo un instante entré en el jardín de un salto y corté con cuidado la que me pareció ser la rosa más grande y de color más vivo. Quite las escasas espinas que tenía en el tallo y abrí de nuevo el papel con la misteriosa indicación. Recorté una esquina y saqué el lápiz que llevaba siempre en el bolsillo. “No sé quién eres pero sé que no me arrepentiré jamás si consigo conocerte”, escribí, esforzándome en disimular mi pésima letra.  Doblé el papel  y la busqué con la mirada. Ella se levantó y dejó el libro abierto en el banco. Se dirigió hacia la fuente que estaba a escasos metros y encontré la ocasión perfecta. Corrí hacia el banco y sin que ella se diera cuenta deje que la rosa actuara de separador mientras sujetaba a su vez la nota que había escrito. Aproveché que se acercaba a la fuente, ajena a mis movimientos,  para leer el título del libro. “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, de Pablo Neruda.  Al pasar la primera página vi escrita una dedicatoria: 

“Carmen, disfruta de estos versos que tanto me ayudaron a conquistar  a tu madre.
Tu padre.” 

¡Ya sabía cómo se llamaba! Todo un logro. Volví a dejar el libro abierto por la rosa en el poema número 15: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente,…” No me dio tiempo a leer más. Ella se estaba girando en ese preciso instante. Me senté en la otra esquina del banco y comencé a disimular toqueteando mi reloj. 

–Buenos días –dijo Carmen sin importarle aparentemente mi presencia. 

–Buenos días, señorita –contesté impaciente por conocer su reacción al ver la rosa. Ella se detuvo al ver el libro con la flor y el papel arrugado y sus mejillas comenzaron a sonrosarse.  Cogió la rosa y la nota y dejó el libro a un lado. Al leerla, una sonrisa sincera se dibujó en su cara. Me miró y empecé a conocerla… 

–¡Pulga, pulga! –grité de repente sin saber por qué. Me encontraba tumbado en una cama. ¿En mi cama? La habitación me resultaba familiar pero no estaba seguro si era la mía. Enfrente había una estantería repleta de libros y portarretratos. A mí derecha en una vieja mesita de noche y delante de una sencilla lámpara vi la foto de dos bellas mujeres. Me incorporé y me quedé sentado en el borde. Al levantar la vista me reconocí en el espejo. Mi cara estaba arrugada y mi escaso pelo era cano. Estaba sonriendo, me encontraba extrañamente feliz. La puerta se abrió de repente y apareció una preciosa mujer que sostenía una libreta de gusanillo. 

–¡Buenos días Papá! ¿Me has llamado “pulga”? 

–Buenos días –contesté educadamente a esa extraña que me llamaba Papá. 

–¿Sabes cuánto tiempo hacía que no me llamabas “pulga”? –dijo la extraña, emocionada en una mezcla de llanto y sonrisa. Se me acercó y se sentó a mi lado dándome un beso en la mejilla. 

–Papá, ¡cuántas ganas tenía de verte! Mamá está en la cocina con tus nietos, no se va a creer que me hayas llamado “pulga”. 

No entendía nada de lo que me estaba diciendo aquella joven. Me quedé mirándola fijamente con la sonrisa que llevaba desde que me había levantado. Me pasó el brazo por el hombro y abrió la libreta que había traído consigo. En la primera página había pegada una foto donde aparecía un hombre que se parecía sorprendentemente a mí, pero mucho más joven. Sujetaba en brazos a una niña con coletas y cogía de la cintura a una hermosa mujer de pelo negro rizado. La joven comenzó a pasar las hojas y en todas ellas aparecía ese hombre con distintas personas y en distintas situaciones. 

La puerta se volvió a abrir y entró una mujer mayor con un carrito que sostenía una bandeja de desayuno. Lo acercó a la cama y se sentó a mí otro lado. La mujer mayor miró a la joven con tristeza y me cogió la mano. Miré directamente a sus ojos y ella me respondió con un cálido beso en la boca. No aparte la cara. No comprendía que hacía esa mujer dándome un beso, pero no aparte la cara. 

–“Me gustas cuando callas porque estás como ausente…” –dijo con un precioso susurro. Sin saber el porqué cogí la mano de la joven y la junte con la de la mujer mayor. Puse mi mano encima de ambas y dije:

–…y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Por Pablo Neruda…

Las dos mujeres se miraron sorprendidas y rompieron a llorar. Yo, sin embargo, me encontraba exultante de felicidad. 

–¡Papá, te acuerdas…! –murmuró la joven. 

La mujer mayor me volvió a mirar fijamente. –Ya no sabes quién soy pero no me arrepentiré jamás de que hayas querido conocerme. 

Comencé entonces a llorar, apreté con fuerza sus manos y con voz quebrada les dije: 

–No sé si os conozco, lo único que sé es que os amo… 

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Nota: siempre he pensado que las personas que  sufren alzhéimer y otros tipos de demencia por las cuales pierden paulatinamente su autonomía y memoria, viven en una realidad no tan lejana a la nuestra. Mi fantasía consiste en pensar  que sus recuerdos se encuentran  en sus sueños de donde no pueden escapar. Su realidad se transforma entonces en un sueño y en el sueño viven su realidad. 

Me gustaba imaginar que cuando mi abuela no me reconocía y se mostraba extrañada al verme era simplemente porque estaba despierta. 

Luego, por las noches, me encontraba con ella en sus sueños…
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miércoles, 6 de octubre de 2010

Efecto mariposa

-Cariño, ¿te queda mucho?- gritó Darío desde la cama, tapado bajo la sábana y arañando 5 minutos a lo inevitable de despertarse por las mañanas. Le dolía tanto levantarse que más de una vez se planteaba no dormir para no tener que hacerlo.

-Ya estoy, pasa tú. ¿Has preparado el desayuno, dormilón?- Le contestó Susana mientras tiritaba en su albornoz.

Darío, dio entonces un salto y salió corriendo hacia la cocina. Sin darse cuenta, los 5 minutos se habían convertido en 15 y, o se daba prisa o ella saldría de casa sin desayunar. No le apetecía volver a ver la cara de pena de Susana al dejarla sin sus tostadas matutinas. La mirada del gato de Shrek es de simple aficionado en comparación.

Cogió dos tazones, los llenó de leche con la mano izquierda mientras vertía el café que había sobrado de ayer con la derecha. Después, 1 minuto en el microondas, justo el tiempo necesario para untar de mermelada las tostadas integrales. En su taza añadió copos de maíz azucarados, costumbre que no había cambiado desde los 6 años y de eso hacía ya 23.

Susana salió de la habitación con la llamada del olor de café golpeando su nariz y él aprovechó para darse una ducha rápida. Hoy se cumplían 3 meses desde que estaba en paro y su jornada laboral, que empezaba a la misma hora que la de Susana, consistía en recorrer Internet “en busca del trabajo perdido”, repartir curriculums a diestro y siniestro por las mañanas, hacer la compra y la comida a partir de las 12 y darle duro a la casa por la tarde.

Susana se encasquetó sus vaqueros desgastados y la camiseta azul marino que conjuntaba a la perfección, por lo de desgastada, y corrió disparada hacia la puerta. Hoy llegaría tarde, la segunda vez esta semana.

Darío salía del cuarto de baño en el mismo instante en que Susana giraba el pomo de la puerta. De repente sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. –¡Susana espera!- dijo con tono de preocupación,-se te olvida algo-. Extrañado por sus propias palabras y confundido por lo extraordinariamente rápido que le latía el corazón observó angustiado el reloj Casio de su muñeca. Marcaba las 8:46:27.

-A ver, ¿qué se me ha olvidado?- Masculló ella lanzándole una mirada que mezclaba nerviosismo e incomprensión.

Él se acerco lentamente, tardó 6 segundos en recorrer los escasos 3 pasos que los separaban. Sin mediar otra acción la estrechó entre sus brazos y le susurró al oído- abrazarme…-. Susana pasó del más gélido estado al calor más fundente. Él rompió a llorar y a cada respiración entrecortada aumentaba la intensidad de su abrazo. Susana mimetizó con él y permanecieron así durante exactamente 42 segundos que parecieron eternos. Darío, aún estremecido se separó lentamente de ella cogiéndola de los brazos. La miró con una inusitada alegría y susurró. –gracias-. Ella se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano y comenzó a reír a carcajadas entrecortadas. –gracias a ti-. No le preguntó nada acerca de la situación. Simplemente se giró, acabó de dar la vuelta al pomo y cerró suavemente al salir rumbo al ascensor. Los dos se sentían extrañamente felices, los dos habían llorado y reído tan intensamente en tan poco tiempo que la sensación era sumamente placentera. Ninguno entendía el porqué y todo hacía pensar que no hacía falta preguntárselo. Eran las 8:47:15.

Manolo cubría la línea 12 esa mañana. Solía quejarse cuando le tocaba esa ruta por lo estrecho de las calles que recorría. “Retrovisorman” le apodaban sus compañeros, llevaba 4 destrozados en un año. No obstante, las calles por las que discurría el recorrido pertenecían a barrios “de dinero” y eso le daba cierta tranquilidad. Además siempre coincidía con dos viajeras que le alegraban el día (y la vista) y le daban conversación. Carmen, una mujer divorciada que estaba viviendo una segunda juventud y Susana una hermosa diseñadora gráfica que trabajaba cerca de la penúltima parada, lo recordaba porque era la única que bajaba allí. Carmen le había comentado que se iba una quincena a Punta Cana con unas amigas de su infancia así que no le extrañó no llevarla a bordo, pero curiosamente, Susana no se encontraba apoyada en la marquesina de la calle “Juan Raimundo” cuando pasó por allí instantes antes, a las 8:47:15 –Hoy debe ser mi día de mala suerte, espero que no me cargue otro más- pensó entristecido.

Un bostezo perpetuo acompañaba al director de la sucursal número 643 del banco “Rurbank” mientras abría las puertas acompañado del vigilante de seguridad y dos empleados. Hoy se había retrasado por culpa de un dichoso atasco y no sabía si le daría tiempo a revisar el correo antes de cerrar una hipoteca pactada con un cliente puntual. Estaba nervioso pero lo disimulaba muy bien. Mientras se llevaba de nuevo la mano a la boca para apaciguar su sueño oyó un ruido seco justo a sus espaldas. Al darse la vuelta se encontró con el cañón de un revólver del calibre 38 apuntando a su entrecejo. Las llaves se le cayeron al suelo y notó cómo la visión se le nublaba. En el suelo se encontraba el vigilante de seguridad con un pequeño charco de sangre rodeando su cabeza. A su izquierda y arrodillados se encontraban los dos empleados, uno de ellos mostraba un gran cerco de humedad en su entrepierna. Ambos vigilados con otro revólver de idénticas características empuñado por otro corpulento encapuchado.

-Haga lo que yo le diga y nadie resultará herido, no se preocupe por el vigilante, es un leve golpe en la cabeza- La seguridad de esas palabras provocaron más temor en el director que rápidamente asintió con la cabeza. –Sé que tenemos 15 minutos hasta que se abra la caja fuerte, soy paciente, pero no me haga perder ni un segundo más-. Acto seguido, el que parecía ser el “cerebro” de los dos ladrones acompañó al director hasta la caja sin dejar de apuntar a su nuca. Esperaron pacientemente ajenos a los sollozos que provenían de los rehenes de la entrada.

Con absoluta tranquilidad el encapuchado llenó una mochila de deporte con fardos de billetes nuevos y obligó al director arrodillarse de espaldas a él. Cuando se esperaba lo peor, notó cómo le ataba las muñecas a la espalda y a su vez a una columna con una fina soga blanca. El atracador se dirigió sin prisas a la entrada donde su compañero había hecho lo mismo con los dos empleados. Sin quitarse las capuchas abrieron la puerta del banco y se dirigieron disimuladamente hacia un coche blanco de gran cilindrada que les esperaba a unos 15 metros de distancia. Justo detrás del coche se detenía un autobús para recoger a dos ancianas que conversaban animadamente pese al frío que hacía. En el preciso instante en el que las puertas del autobús se abrían, se oyó un grito firme desde la puerta del banco. Los encapuchados no habían dado la primera zancada cuando se escuchó el estruendo del primer disparo. Con el segundo apenas habían recorrido 2 metros, el tercero alcanzó a uno de ellos en su brazo izquierdo pero no le impidió seguir corriendo hasta alcanzar el coche donde esperaba, con el motor revolucionado, el tercer cómplice. Las ruedas chirriando sobre el asfalto dieron paso a un tenso silencio.

Las ancianas se encontraban temblando parapetadas tras la puerta del autobús. Los escasos pasajeros permanecían agachados debajo de sus asientos. El vigilante maldecía su mala puntería. Los empleados y el director observaban la escena en estado de shock. Manolo, salió del habitáculo del conductor. –¡Está todo el mundo bien!- gritó alarmado. Recorrió todo el autobús y comprobó que nadie había resultado herido.

De repente se paró a la altura de la mitad del vehículo y miró con estupor cómo dos impactos de bala habían perforado el grueso cristal de la puerta de salida. Un escalofrío recorrió su espalda y lo dejó petrificado. El mismo escalofrío que había sentido Darío minutos antes…
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miércoles, 29 de septiembre de 2010

Huelga

Son las 9:00, hay mucho menos ruido en la calle. Oigo pájaros cantar en vez del habitual ruido de coches yendo arriba y abajo. Parece ser que alguien más que yo ha secundado la huelga. Bien.

Hoy estoy en huelga. No voy a ir a trabajar y acudiré a la manifestación convocada por los dos sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO). Pero no acudiré por la llamada de éstos, puesto que han reaccionado demasiado tarde ante un problema que se veía venir de lejos. Los sindicatos, pese a tener razón en sus reivindicaciones, han perdido parte de su estatus de defensores del trabajador desde el momento en que con un paro que no cesaba de subir se mantenían a la espera de una negociación trampa con patronal y gobierno, sin presionar más, como debían haber hecho.

Hace tiempo que deberíamos haber salido a la calle, sin necesidad de que ningún sindicato nos citara.

Acudiré a la huelga convocada por mi conciencia.

A los que no la secundan, mi más sincero respeto. Cada cual es libre de elegir que hacer ante la situación actual y frente a circunstancias individuales nada se puede decir ni reprochar. No estoy de acuerdo con los piquetes. Estoy de acuerdo con informar con la palabra y dejar elegir con la tranquilidad de saber que la decisión que tome otro la escogerá por voluntad propia y no forzada.

Acudiré por mí, por mis compañeros y por mis futuros hijos primero.

A mí, me quitarán unos cuantos euros de mi nómina “mileurista”. Me da igual. Entiendo que a otra persona no le de igual. Pero prefiero que mi futuro hijo se sienta orgulloso de que un día su padre saliera a la calle a defender los derechos que tanto ha costado conseguir frente a perder un dinero que tampoco me hace gracia perder.

No voy a la huelga porque me haya convencido nadie. Voy porque me he informado de los cambios de la reforma laboral y a mi parecer son injustos. Os invito a que los leáis y reflexionéis al respecto. Después, la decisión que toméis será únicamente vuestra, seréis entonces libres. La información envuelve vuestra libertad.

La crisis actual no la ha generado ni el fontanero del quinto, ni la profesora de primaria de mi colegio, ni la médica de urgencias, ni el policía de paisano, ni el obrero de la finca de enfrente. Pero TOD@S, la hemos aceptado, sin más. Pese a producir una enorme avalancha de paro, a la crisis la arropamos con mucha resignación y altas dosis de pesimismo. Somos cómplices en cierto grado. Alto grado.

¿No os parece curioso que bancos y grandes multinacionales anuncien ganancias en tiempos de crisis? A mí sí que me lo parece y en los periódicos económicos y hemerotecas podéis encontrar que lo que digo no es falso. Algo falla, fallamos nosotros.

Fallamos por habernos dejado hipnotizar por la competitividad que exigen los mercados actuales, por ser mejor que otro sin pensar en ningún momento en cómo conseguirlo y las consecuencias que tiene para el resto. La empatía es una palabra en desuso en el siglo XXI.

Llamadme iluso, pero yo voy a la huelga porque prefiero el bien de muchos y mal de muy pocos que lo mejor para mí sin pensar en ti.

Infórmate, investiga, razona, habla con tu pasión y toma decisiones. Quedarte de brazos cruzados es asumir lo que hay y si lo asumes luego no te quejes de las consecuencias.

¡Ilusión!
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sábado, 18 de septiembre de 2010

Error de serie

Como una ley no escrita que no dejas de leer en los ojos de la gente, te topas con esa curiosa manía humana de abrazar aquello que se encuentra en cualquier parte entre lo contrario y lo muy contrario a su verdadero parecer. Ese es un error que muchos traen de serie.

Somos proclives a ensalzar una idea hasta hacerla ideal mientras avanzamos, como los cangrejos, en sentido contrario a su consecución. Nos manejamos bien en el terreno de la palabra quejicosa pero pecamos de aduladores al enfrentarnos directamente con aquello que produce la queja. Nos quejamos, sí, pero no actuamos en consecuencia y en multitud de ocasiones lo hacemos en secuencia contraria. Somos, efectiva y asiduamente contradictorios.

Es un error calculado y medido que funciona como si no fuera tal, pues surge como un extraño mecanismo de consultoría que ponemos en práctica para ayudar al prójimo a ver una realidad que está siempre ahí y que nunca convertimos en nuestra. Así, ocurre que desempeñamos el papel de grandes consejeros cuando ese amigo nos cuenta su problema. Sabemos qué decir y cómo hacerlo. Pero, cuando toca aplicárselo a uno mismo somos unos completos ignorantes y lo peor de todo es que aún reconociéndolo, no conocemos la clave para poder manejarlo.

Si nos gusta el azul, acabamos con el rojo. Si lo quieres dulce, lo pones en salmuera. Si te gustan las verdades te mueres porque te sigan mintiendo. Si buscas la felicidad, persigues a tus demonios. Luego frunces el ceño y te preguntas porque te gusta tanto el lado oscuro de tus pensamientos. Lo que odias de verdad es lo que de verdad consigues.

Vivimos en un continuo deseo de tener lo que no tenemos y cuando lo tenemos el deseo se vuelve tan débil que te agotas en él. No se puede ser tan depredador de utopías si las devoras sin saborearlas una vez conseguidas. Sucede que las engulles al darte cuenta, al instante, que no tienen nada que ver con lo que realmente deseabas.

La línea que separa la realidad consciente que vives de la idea que vas formando de ella tiene muy pocos fotogramas de separación. Tu director tiene escrito un papel muy bien definido, que encaja a la perfección con tu idiosincrasia. Él no espera un Premio de la Academia, ni Osos ni Palmas de Oro, porque no espera que actúes sino que seas. Pero aún así te empeñas en hacerlo mejor que Paul Newman o Katherine Hepburn como protagonista de historias que no están escritas para ti. Actúas tan bien que te lo acabas creyendo. Entonces, distinguir lo ideal de lo idealmente creado en tu mente es tan imposible como vivir en tu verdad cuando esa verdad es una gran mentira.

Como dicta el magnetismo confundido, seguimos atraídos por el polo opuesto y pese a quejarnos de esa fuerza misteriosa que te atrapa nos empeñamos en cargar del hierro más oxidado el corazón.

Cambiar la naturaleza de las energías y aplicarlas en tu beneficio pasa por un simple ejercicio de cordura: dejar de claudicar ante lo absurdo de perseguir lo que no te gusta para intentar cambiarlo y no conseguirlo. Mentir al mejor mentiroso de todos, que no es otro que tú mintiéndote a ti mismo, es el origen de tu perenne jaqueca. Trágate de golpe el analgésico de rodearte de lo que te apasiona y deseas y serás libre para seguir disfrutando con ello. Persigue lo que quiere ser presa y cazador tuyo y devoraos juntos.

Si eres positivo encuentra tu polo positivo. Si eres negativo lucha, primero, por cambiar tu polaridad.
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jueves, 2 de septiembre de 2010

Adiós

Carlos salió de su casa dando un portazo. Minutos antes se había armado de valor y decidió acabar con esta historia de una vez por todas. La cita era donde siempre y ella estaría allí, esperándole, como siempre.

Con las manos sostenía una caja de cartón donde había metido las últimas cosas de ella que quedaban en casa: su cepillo de dientes rojo, el libro “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo” y su camisón, que todavía olía a ella y olía tan bien…

Mientras bajaba por el ascensor, repasó mentalmente cómo se lo iba a decir. No sabía si hablarle improvisadamente o si directamente le leería la carta de despedida que tanto tiempo llevaba cogiendo polvo en un cajón y ahora, por fin, llevaba en un bolsillo de sus viejos vaqueros.

Ya en el coche, encendió la radio en vez del CD recopilatorio que le había preparado ella como regalo las últimas navidades. Estaba rayado, desgastado de tanto oírlo. No quería oírlo más.

Unas obras de alcantarillado forzaron a Carlos a desviarse por la calle paralela donde un oportuno semáforo en rojo lo obligó a detenerse justo al lado del café “Palabras”. Corría el final del verano del 2002 cuando Candela, así se llamaba ella, le propuso ir “a tomar algo” a aquel tranquilo lugar tras el primer día de clase en la universidad. Música de los 80 y tres enormes estanterías de buenos libros te invitaban a degustar durante horas un cappuccino digno de Trieste.

En este café fue donde Carlos le cogió la mano por primera vez. En realidad todo comenzó con un leve roce al pasarle el azucarillo, lo que desencadenó un torrente de sensaciones no descriptibles que le aconsejaron coger esa mano y no soltarla jamás. Candela estallaba en carcajadas cada vez que Carlos le aseguraba que se había enamorado de ella por el roce de su piel.

Nunca olvidaría lo que decía aquel azucarillo: “conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar” (W. Shakespeare). Ni tampoco la canción que sonaba de fondo en aquel preciso instante, “Just like heaven” de The Cure. Curiosamente, de la radio del coche comenzaron a sonar las primeras notas de esa canción y Carlos quedó atontado unos segundos hasta que el estruendo de un claxon avisó del color verde del semáforo. Carlos apagó la radio al instante.

El trayecto hasta el punto de encuentro estaba automatizado en su mente de tantas veces que lo había hecho. Ésta sería la última vez que lo recorrería. Aparcó cerca de la entrada, como si ansiara tener una escapatoria rápida. No tenía miedo por lo que pudiera pasar después, tenía pavor. Pero era algo que debía hacer y tenía que hacerlo ya.

Estaba a punto de vivir el segundo momento más doloroso de su vida y curiosamente ella era la constante en los dos. Candela le solía susurrar al oído que el siempre sería su constante, pasara lo que pasara. Carlos nunca llegó a entender del todo cuánta razón tenía ella con sus palabras. En cualquier caso, hoy estaba dispuesto a demostrarle que se equivocaba.

Se acercó con paso firme y al verla de lejos sus piernas empezaron a temblar como si acabara de correr un maratón. Exhausto, siguió caminando y se plantó delante de ella. Los ojos verdes más intensamente creados lo miraban. Su pelo negro cubriéndole parte de la mejilla hacía que calificarla como atractiva la desmereciera. Cuando comenzó a fijarse en sus labios, bajó rápidamente la vista y le dijo:

-Hola Candela, quiero que me dejes hablar y no me interrumpas, por favor. – Su voz empezó a sonar quebradiza y a entrecortarse, así que decidió sacar la carta del bolsillo olvidándose de la improvisación y comenzó a leer:

Adiós

Nunca pensé que el principio de una carta empezara por la palabra final. Imposible imaginar que esa carta fuera dirigida a ti.

Lo siento pero es así. Adiós.

No quiero volver a oírte por teléfono a las 2 de la madrugada cuando hay tormenta para que te tranquilice. No quiero volver a ver como usas mis camisas como ropa de ir por casa. ¡Odio tener tu olor conmigo todo el día, odio tu maravilloso perfume todo el maldito día!

No quiero que lo primero que hagas al levantarte sea darme un beso en la frente. No quiero que me acaricies la cara y me digas: “otro día más para seguir construyendo un paraíso”.

Detesto verte desnuda mientras te duchas, no quiero que me vuelvas a invitar a enjabonarte la espalda, las piernas, los brazos,…

Deja de poner tu cabeza en mi regazo en el sofá. Deja de poner mi mano en tu pelo, tu suave pelo negro, deja de dejarte acariciar. No quiero ver más películas con final feliz para que me abraces eternamente. Mucho menos ver las de final triste para secarte tus lágrimas de miel.

No quiero volver a ver tu cara de satisfacción cada vez que me ganas al trivial. Tu risa burlona cuando no aparco bien a la primera, ni oír tus carcajadas cuando te hago cosquillas en los pies.

No quiero que me hagas el amor con la mirada en sitios públicos. No quiero más orgásmicas miradas ni tentadoras palabras sueltas susurradas.

No a la cara más bonita de ilusión por un desayuno en la cama. Deja ya, te lo pido, de hacerme la mejor tortilla de patatas con el mejor punto de sal.

Olvídate de curarme el ánimo tras un mal día con sólo una sonrisa. Olvídate de abrazarme por la espalda y darme la mejor medicina para el corazón.

Ya no quiero más noches interminables condensadas en el brillo de tus ojos. No más debates en tablas, ganados por los dos. No más castillos en el aire que exhalas, ni más futuros ciertos si son a tu lado.

Te odio por haberme completado y vaciado después.

Te odio por darme sentido en una lengua ininteligible.

Te odio por acompañarme en las sombras y dejarme solo en las luces.

Te odio por darme alas para luego hundirme en un mundo submarino.

Te odio por enseñarme a amar la palabra odiar porque no puedo sino odiar y te estoy amando siempre.

No quiero volver a saber nada más de ti.


Carlos dobló la carta con cuidado y la metió en la caja de cartón. Se inclinó y la dejó en el suelo. Al ponerse de pie dijo:

-Lástima que no exista caja lo suficientemente grande para guardar todos los recuerdos que me has dado. Aunque hoy es el día en que empezaré a fabricarla porque no volveré aquí más. No quiero tener nada más tuyo. Espero que no te vuelva a ver en los ojos de todas sin ser tú ninguna.-

Lentamente se inclinó hacia la foto que presidía la lápida y rompió a llorar como lo había hecho 2 años antes. Inscrito en el mármol se podía leer:

Candela Martínez Ramos

1983-2008

“Conservar algo que me ayude a recordarte sería admitir que te puedo olvidar” (W. Shakespeare)

“Nunca olvidaré a mi constante”
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miércoles, 28 de julio de 2010

Delirio de verano

Siento no estar lo suficientemente roto para que caigas en mi saco. Tú eres tan arena fina que pasarías por mil poros de mi red y me quedaría con nada más que con tu leve roce. No intentes convencerme de lo que no soy, yo no intento cambiarme a lo que no seré, ni mucho menos trato de persuadirte para que seas como tú quisieras que yo fuera. Déjame simplemente ser y yo te perseguiré hasta que tú también seas.

No juegues al gato y al ratón conmigo si yo soy un ratón que acaricia gatos y se come las trampas de queso y no el queso que sujetan. No me trates con odio si sólo sabes decir "te quiero", odias tan mal…

Imagínate nueva por dentro más que por fuera, suéñate libre de tus prisiones y vívete atrapada en tus convicciones. Pero no jalees el buen nombre del amor en vano cuando construyes alambres de espino envenenados alrededor de esa paz que ni siquiera has imaginado.

Juega al delirio con mi cordura, pero apuesta con el imposible dado de una cara que refleja la tuya y entonces te habrás ganado. Léeme los labios con los tuyos y seré yo el conquistado... votar

lunes, 19 de julio de 2010

Atormentados

La calma que sucede a la tormenta suele ser real y necesariamente reconfortante, hasta que te das cuenta que las tormentas por sí solas tienen más valor que lo que pensabas a priori. No sólo sirven para disfrutar de lo que sucede después de ellas sino que ellas, por sí mismas, representan un estado vital sumamente necesario y cruelmente habitual que te da vida aunque parezca darte muerte y te alimenta de sentimientos aunque te fuerce a un ayuno de los más dulces para cebarte de los amargos.

Las tormentas son rayos y truenos, es lluvia abundante en poco tiempo, es el volver loco al meteorólogo que llevas dentro y que nunca acierta el tiempo que va a hacer en esa pequeña burbuja en la que vivimos. ¿A quién no le ha explotado esa burbuja con una ráfaga de viento repentina? ¿Quién no ha querido resguardarse de ese inesperado aguacero bajo un oportuno y pasajero techo? ¿Quién no se ha acostado pensando en el sol y se ha levantado rodeado de la más fría nieve?

Sucede que cuando oyes el primer trueno distante piensas que es tan lejano que nunca te alcanzará el rayo que lo precede y continúas creyéndote digno de ir al descubierto como hasta ese momento ibas. Ir al descubierto es la más sana terapia para mantener la mente cuerda y el cuerpo bronceado de vida. Pero al llegar la primera nube que cubre el sol, tu rostro se arruga de incertidumbre y cuando caen las primeras gotas te mojas en el más absoluto de los miedos. Cuando ya es demasiado tarde para ponerte algo que te cubra, cuando estás calado hasta los huesos, sólo aciertas a taparte los ojos, origen de unas lágrimas saladas irreconocibles entre tanta agua dulce, qué ironía.

El clima de la vida es como la vida misma, cambiante. No se puede contar siempre con días de 25 grados y brisa ligera, ni tan siquiera cuando la primavera de una relación da paso a su verano de pasión. En el mar en el que flotamos las olas nos pueden mecer hasta que un maremoto nos ahogue en un tsunami de insospechados sentimientos. No deberían existir los “hombres del tiempo” sino “el tiempo de los hombres” en el que se comprendiera, de una vez por todas, que predecir puede ser útil pero lo es más el estar preparado para afrontar lo que nadie se atreverá jamás a medir, el dolor real.

El frío que anhelas con el calor aparece cuando más frío tienes. El calor que buscas con la manta, te cubre cuando no paras de sudar. Las miradas de tristeza se te lanzan en tu mejor momento y las risas inoportunas aparecen cuando no tienes oídos más que para el llanto. Todos somos amigos de Murphy y lo seguiremos siendo siempre. Él nunca nos abandonaría en una cuneta aunque queramos saltar nosotros voluntariamente por la ventanilla. Somos sus fieles perros y él nos ata en corto.

Pero siempre nos quedará la mochila. La mochila que como buenos “proyectos de síndrome de Diógenes” nos empeñamos en llenar de objetos viejos e inservibles y del más sucio de los lastres. Nos cuesta tanto deshacernos de lo malo como poco nos cuesta olvidarnos de lo bueno. Es una tara simple y común pero que nos obliga a aparecer en escaparates de “outlets” cuando, simplemente, no deberíamos vendernos.

Esa mochila es una carga relativa porque aunque nos pese, si la llenamos de lo necesario, resultará ser la mejor aliada posible. La mía la lleno con un chubasquero, crema solar, una agenda y un bloc de notas. El chubasquero es para no resfriarme si el chaparrón es muy intenso y así, no tener que quedarme en casa cuando vuelva el buen tiempo. La crema es para protegerme de lo intenso del sol porque lo que es bueno se vuelve malo en exceso y esto no es una excepción. La agenda es para llamar a mi gente cuando necesito resguardarme y el chubasquero no es suficiente o para bañarme en compañía con el cielo azul de fondo. Un amig@ es la persona que te escucha con los ojos, te habla con las manos, te ve con tus palabras, respira lo que hueles y sabe a lo que te gusta. El bloc de notas es el testigo de nuestra historia. No me hace falta más para no perderme nada ni me sobra nada para encontrarme con todo.

Aún así, las tormentas hay que vivirlas. Mojarse es tan necesario como el secarse después. Si no te mojas, nunca sabrás lo que es secarte. Si vives siempre seco qué triste no haberte mojado nunca. Permanecer bajo la lluvia y soportar la tristeza de no ver el sol te ayuda a valorar lo que representa vivir en lo despejado. Pero vivir en lo despejado te recuerda lo importante que es cubrirte con capas de agua triste, tiritar de dolor pero, sobre todo, te anima a no olvidarte jamás tu mochila en casa. votar

martes, 22 de junio de 2010

En algún lugar de ninguna parte

Ocurre que un día abres un cajón de la cómoda para buscar tu par de calcetines favorito y encuentras solo uno de los que lo forma, abandonado entre otros semejantes pero no iguales. Entonces, abres el resto de los cajones en un intento inútil de hallarlo donde no suele estar y en efecto, no está. Seguramente esté mezclado con la ropa sucia en el cesto y permanecerá allí hasta que un nueva colada los una de nuevo aunque no para siempre. Decides ponerte otro par completo pero desteñido.

El efecto final es que aunque vuelves a vestirte por los pies no lo haces con lo que querías. La causa inicial, no pararte a buscar lo que realmente quieres o mejor dicho, no poder encontrar lo que realmente buscas aunque lo quieras hacer.

Ese día es un calcetín, otro día es aquello que te hacía vibrar. Todos los días hay algo que te recuerde lo bonito que es reír y lo triste que es llorar y desgraciadamente nos resulta más atractivo encontrar las causas de lo segundo que agarrar inconscientemente las de lo primero.

En nuestro continuo movimiento hacia delante en el tiempo solemos deslocalizar las fábricas de sueños en países del pasado. Allí, explotamos a los recuerdos a un trabajo tan difícil como mal remunerado: encontrar nuestro lugar en el presente. Tarea harto complicada desde la perspectiva cabizbaja del que somete los pasos de hoy al ritmo del ayer. Qué fácil es convencerse de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” cuando no vives tu presente en términos de futuro.

Por ello pienso que encontrar tu lugar no es difícil, lo complicado es que te elija a ti para quedarte contigo. Porque estos lugares no están hechos solo de pensamientos, personas y sentimientos sino que también lo están del momento en que los construimos en nuestra mente y corazón. Así, nuestra tendencia innata a alimentarnos de las experiencias vividas dibuja un boceto de dónde, qué y con quién queremos estar. Lo perfecciona a medida que nos acercamos a él. Se llena de valor cuando finalmente conseguimos alcanzarlo. Pero en ese momento, la fuerza del deseo de llegar a él se debilita de repente y te abandona dejándote detrás a ti. Ese lugar que eras tú no quiere quedarse contigo pues quisiste quedarte contigo en aquel momento en el que buscabas este lugar. Ahora eres y no eras y tú lugar no es el mismo pues tú no eres igual.

Ese espacio empezó siendo un sueño, cogió forma con el tiempo y es ese mismo tiempo el que lo emborronó y le dio otra forma aunque no fueras consciente de ello. No se trata de querer alcanzar una meta, se trata de que la meta tenga el valor que poseía cuando comenzaste la carrera y eso, en el continuo devenir de acontecimientos que nos trastocan y moldean, es lo realmente complicado.

Somos hijos del tiempo y padres de un camino por recorrer. Somos nosotros los que inculcamos rectitud a nuestro camino mientras su abuelo se empeña en recordarle lo apasionante de crecer en curvas, senderos abruptos y cuestas empinadas pero también en llanos, y descensos amortiguados de hierba. Da igual que en su final se encuentre la posada deseada pues por ser su final habrá muerto y criaremos un nuevo camino pues nuestra vida no se quedará allí para siempre.

Lo importante es que en ese trayecto, independientemente del “cómo”, del “cuánto” y del “por qué” nos quedemos con “quién” y aprendamos a evolucionar nuestro yo para ser ese quién de otro y mantenerte como un reconocible tú.

Las metas son a los caminos como los fines a los medios, no justificables. Es el camino aprovechado lo que justifica la meta. votar

domingo, 30 de mayo de 2010

La injusta ley electoral española: bipartidismo y el voto útil (o más bien inútil)

A raíz de la aprobación el pasado jueves 27 de mayo en el congreso de los diputados del conocido como “tijeretazo” del gobierno, con sus famosos recortes en políticas sociales, me he visto en la obligación moral y ciudadana de informar brevemente de la pobreza de un sistema electoral a todas luces (por lo menos las mías) caduco, injusto y turbio que permite cosas tan curiosas como que Izquierda Unida (IU) obtuviera 963 040 votos en las últimas elecciones generales de 2008, lo que se tradujo en 2 escaños en el congreso, mientras que el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que obtuvo 303 246 votos ( 3 veces menos), lograra conseguir 6 escaños (3 veces más).

Es un sistema caduco porque la norma que lo desarrolla data de 1985 (son ya 25 años sin reformas) y recoge un espíritu necesario en una transición que, seamos sensatos, queda ya muy lejana.

Es turbio porque pese a las enormes críticas que recibe sigue sin modificarse, lo que apoya la tesis que sostiene que a los dos principales partidos, es decir el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP), no les interesa lo más mínimo modificarla. No me extraña viendo los beneficios que obtienen del mismo.

Finalmente es injusto porque no supone una proporción directa entre número de votos obtenidos y representación parlamentaria como he mostrado en el ejemplo anterior.

La lectura de textos legales supone un esfuerzo extra porque el lenguaje utilizado es técnico y, para que engañarnos, es muy aburrido. Pero os aconsejo que leáis, al menos, el Capítulo 3 del Título II de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General. Aunque para simplificarlo todo os explicaré lo más claramente posible cómo se conforma el congreso de los diputados tras unas elecciones generales.

Desde mi punto de vista los principales problemas del sistema electoral español son las circunscripciones provinciales y la ley d’Hondt por un lado y el voto en blanco no computable por otro.

Circunscripciones provinciales

El congreso de los diputados consta de 350 escaños (sillas donde nuestros queridos y amados políticos se sientan, o no, en ese bonito hemiciclo que sale todos los días en los telediarios). Para repartirlos se procede de la siguiente manera. Se asignan 2 escaños por provincia (que pasan a denominarse circunscripciones) excepto Ceuta y Melilla a las que se le asigna 1 escaño a cada una de ellas.

España tiene 50 provincias (50•2=100 escaños) y las mencionadas ciudades autónomas (2•1= 2 escaños). Así, ya se han repartido 102 escaños, con lo que quedan 248 a repartir (350-102= 248 escaños).

Estos 248 escaños se reparten en función de la población que tenga cada provincia (circunscripción) del siguiente modo:

1. Se divide el número de población de derecho entre el número de escaños a repartir. Ej. La población de derecho en España 2008 fue 45 200 737 personas. Así, pues tendríamos. 45 200 737 / 248 = 182 261,04 personas. Esta cifra se denomina cuota de reparto.

2. Se divide la población de derecho de cada circunscripción entre la cuota de reparto. El número obtenido tendrá una parte entera y otra decimal. Ej. La circunscripción por Valencia en 2008 tenía una población de derecho de 2 486 483 personas, entonces se tiene que: 2 486 483 / 182 261,04 = 13,6.

La parte entera suponen 13 escaños, a lo que hay que sumar los 2 que se le asignaban directamente haciendo un total de 15 escaños.

Este proceso se realiza con todas la circunscripciones y se asignan tantos escaños como valor tenga el número entero del cociente anterior (población de derecho en cada provincia / cuota de reparto).

3. Los escaños restantes se distribuyen asignando uno a cada una de las provincias cuyo cociente, obtenido conforme al punto anterior, tenga una fracción decimal mayor. En el caso de Valencia le correspondió uno más a partir de su decimal (el 6 de 13,6). El total de escaños que correspondieron a esta circunscripción en 2008 fue, por tanto, 16.

Este es el procedimiento de reparto de escaños entre las distintitas circunscripciones. Aquí reside el primer problema de todos: el distinto valor del voto en función de la provincia donde te encuentres. En el ejemplo de Valencia, la obtención de un escaño supone un ratio de 2 486 483 / 16 = 155 405 votos por escaño.

Observemos ahora el caso de Soria. La población de derecho en esta circunscripción fue de 93 593 personas en las mismas elecciones. Siguiendo el mismo procedimiento anterior, calculemos el número de escaños que le corresponderían:

93 593 / 182 261,04 (cuota de reparto) = 0.5. Esto supone que no le corresponde ningún escaño por la parte entera de su cociente (el número entero es 0). Así que se le otorgan los 2 escaños fijos que se dan por el mero hecho de constituir una circunscripción. Además, a Soria tampoco le correspondió ninguno de los escaños restantes que se otorgan por el número decimal, con lo que se quedó con esos 2 escaños. Si hacemos el cálculo de ratio de votos para obtener un escaño como habíamos hecho con Valencia obtenemos que: 93 593 / 2 = 46 796.

Esto supone que en Soria se necesita aproximadamente 3 veces menos votos que en Valencia para obtener un escaño (46 796 vs 155 405. Esta diferencia es mucho más abismal si comparamos con provincias con mucha más población (como Barcelona o Madrid) donde para obtener un escaño se necesitarían muchos más votos que en Soria y Valencia.

Este hecho ocurre simplemente por dar, de primeras, 2 escaños por provincia, sin tener en cuenta la población de las mismas.

Ley d’Hondt

Después nos encontramos con la transformación de votos en escaños dentro de cada circunscripción.

La primera regla es que para que un partido pueda optar al reparto de escaños necesita llegar al menos al 3% de votos validos (los partidos más minoritarios desaparecen mediante esta criba). Este límite es mayor aún para las elecciones munipales en algunas zonas de España, como nuestra maravillosa Valencia (donde el límite es 5%). Aquí sí saben bien cómo eliminar minorías...

Para el reparto de los votos se utiliza el sistema d’Hondt. El sistema consiste en dividir el número de votos obtenidos por cada partido político entre 1, 2, 3,…n, siendo “n” el número de escaños que se van a repartir en esa circunscripción. Los valores obtenidos se ordenan de mayor a menor y se asignan los escaños por este orden. Un ejemplo vale más que mil palabras, en este caso utilizaré una circunscripción donde se repartan menos escaños para simplificarlo.

Córdoba tuvo una asignación de 6 escaños en las elecciones de 2008. Las cifras en esa circunscripción fueron las siguientes:

Votos totales: 487 681
Votos a candidaturas: 479 251
Votos nulos: 2 970
Votos blancos: 5 460
Votos válidos (votos totales – votos nulos): 484 711




A la vista de los resultados se observa que los únicos partidos que pueden entrar en el reparto de escaños son PSOE, PP e IU puesto que superan la barrera del 3% de votos válidos.

A continuaron se divide el número de votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4, 5 y 6 (puesto que se reparten 6 escaños).

Ej. PSOE 246 470 / 1 = 246 470; 246 470 / 2 = 123 235; y así sucesivamente hasta conformar un cuadro como el siguiente:


Lo siguiente es ordenar los valores obtenidos de mayor a mayor y asignar los 6 escaños según ese orden:

246 470 (PSOE), 182 307 (PP), 123 235 (PSOE), 91 154 (PP), 82 157 (PSOE), 61 618 (PSOE).

De este modo, el PSOE obtuvo 4 escaños, el PP 2 e IU se quedó sin ninguno.

Si analizamos los resultados en esta circunscripción, se observa como la ley d’Hondt se aleja de la proporcionalidad, es decir, el PSOE que ha obtenido el 50,85% de los votos válidos ha conseguido el 66,67 % de los escaños (4 de 6 posibles) y el PP que obtuvo el 37,61% de los votos ha conseguido el 33,33 % de los escaños (2 de 6 posibles). Este sistema se “vuelve” proporcional a medida que el número de escaños a repartir aumenta, pero cuando este número es pequeño se hace patente la falta de proporcionalidad. Por tanto, el problema principal no radica tanto en si el sistema d’Hondt es el adecuado o no, sino en que al dividir el total de escaños en circunscripciones se limita la proporcionalidad de este sistema.

A medida que se hacen divisiones de reparto de escaños mediante las circunscripciones los partidos mayoritarios (PP y PSOE) tienen más posibilidades de repartirse la mayor parte de los escaños (mucho más conforme las circunscripciones tengan menos escaños a repartir) en detrimento del resto de partidos que necesitan un esfuerzo mucho mayor para conseguir arañar algún escaño. Si ponemos como ejemplo a IU este efecto es enorme. Una gran proporción de votos de este partido se van literalmente a la basura por no captar escaños por culpa de las circunscripciones.

Si se optara por la circunscripción general y se repartieran los 350 escaños en función al porcentaje de votos obtenidos o incluso mediante el sistema d’Hondt la proporcionalidad aumentaría notablemente. Analicemos los resultados globales de las elecciones 2008:



Si aplicáramos el actual límite electoral, solamente PSOE, PP, IU y CIU tendrían representación porque pasarían del 3% de votos, así que la primera norma que se debería cambiar es el límite de porcentaje de votos válidos. En mi opinión un buen límite sería aquel que permitiera la obtención de un escaño tras una primer cálculo porcentual (en este caso solo tendrían representación hasta Coalición Canaria- Partido Nacionalista Canario (CC-PNC) ya que Nafarroa Bai (NA-BAI) no llegaría a un escaño entero pues se quedaría en 0.84%). Una vez eliminados los partidos que no llegaran a ese límite, el reparto de los 350 escaños se haría proporcionalmente (mediante el sistema d’Hondt u otro sistema de reparto adecuado).

La columna de “escaños justos” no es más que una simplificación de los escaños que corresponderían al trasladar el porcentaje de votos a número de escaños (Ej. PSOE: 43,87 % se trasladaría a escaños como 350•0,4387 = 153,545). En realidad deberíamos dividir el número de votos obtenidos por cada partido por 1, 2, 3,… hasta 350 escaños y luego ordenarlos de mayor a menor e ir asignando en ese orden los 350 escaños. Pero como aproximación sirve para comprobar la sangría de escaños que sufren partidos que actúan a nivel estatal como es el caso de UPYD que pasaría de 1 a 4 escaños pero sobre todo IU que pasaría de los 2 actuales a más de ¡13!

Asimismo, se puede comprobar que no es verdad, como se suele decir, que los partidos nacionalistas se beneficien del sistema electoral actual y estén sobrerepresentados en el congreso, puesto que el número de escaños obtenidos en 2008 y el que obtendrían mediante este nuevo reparto son próximos entre sí (Convergència i Unió (CIU) se quedaría con 10; el PNV pasaría de 6 a 4; Esquerra Republicana de Catalunya pasaría de 3 a 4 y el Bloque Nacionalista Galego (BNG) pasaría de 2 a 3).

Lo que sí ocurre es que hay escaños de los dos partidos mayoritarios que se reparten más justamente entre el resto de partidos que actúan a nivel estatal lo que limitaría el bipartidismo (que al fin y al cabo es lo que defiende este modelo). Así, tanto IU como UPYD aumentarían considerablemente su representación y podrían ejercer mayor presión hacia al partido gobernante de turno.

Voto útil

Me extendería a explicaros lo absurdo del voto útil, pero he encontrado un enlace genial realizado por Daniel Romero Gurich que lo explica a la perfección, así que simplemente os dejo el enlace:

http://www.slideshare.net/guest8ae105/el-voto-inutil

Espero que después de verlo, votéis por convicción y no por intentar hacerle un favor a la izquierda. Porque desde luego el voto útil, no existe.

Voto en blanco computable

El voto en blanco se considera como voto válido, puesto que los votos válidos son la suma entre los blancos y los dirigidos a candidaturas. Sin embargo, no se tienen en cuenta en el recuento, es decir, no participan en el reparto de escaños al no considerarse como una candidatura. En la mayoría de ocasiones, no suelen llegar al límite del 3% para que puedan tenerse en cuenta en el reparto por circunscripciones provinciales. No obstante, si se observa la cantidad absoluta y el porcentaje que representa este tipo de votos en las elecciones generales del 2008 (286 182 votos o lo que es lo mismo 1,11% de los votos válidos) llama la atención como supera a las cifras que obtienen partidos políticos con representación en el congreso (BNG, CC-PNC y NA-BAI).

Otro comentario que se suele decir es que el voto en blanco “va a la mayoría” y es una expresión equivocada. Lo que ocurre es que al cosiderarse como voto válido disminuye el porcentaje que representan los votos de una candidatura con respecto al total de votos de las candidaturas. Es decir, en el ejemplo de Córdoba, IU obtuvo un 7,04% de los votos válidos. Si el voto en blanco no se considerara como válido, únicamente serían válidos los votos a candidaturas (479 251 votos), entonces al calcular el porcentaje que obtendría IU obtendríamos que 34 131 / 479 251 = 7,12%. Este nuevo porcentaje es ligeramente superior al obtenido cuando se consideran válidos los votos en blanco. Imaginemos que el número de votos en blanco es muy elevado y una fuerza política está rozando el mínimo del 3% para poder entrar en el reparto de escaños. En este caso sí puede suceder que el hecho de contabilizar los votos en blanco como válidos impida que esa fuerza política participe en el recuento.

Pero lo importante del voto en blanco es que es la expresión de descontento general de muchísima gente, por lo que deberían, no solo ser válidos como lo son ahora, sino optar a escaño (ser computable). De este modo, los escaños que obtuvieran los votos en blanco se transformarían en butacas vacías en el congreso y se estaría dando voz (en este caso silencio) a su queja.

Hay movimientos que solicitan desde hace mucho tiempo el voto en blanco computable y una plataforma que está cobrando fuerza en Internet para que se lleve a cabo. Os dejo el enlace a la página web de “ciudadanosenblanco.com”. No tiene desperdicio:

http://www.ciudadanosenblanco.com/index.php?option=com_frontpage&Itemid=1

Finalmente, otro de los problemas de la ley electoral es el de las listas cerradas, pero creo que puede merecer otra nota aparte y no quiero que os tiréis por un puente. Con el rollo que os acabo de soltar creo que es suficiente por hoy.

Espero haber aclarado las dudas a los que las tuvierais y abrir los ojos a los que no tenían ni idea de cómo funcionaba el sistema electoral español. Pero sobre todo, espero que os haya hecho reflexionar sobre la necesidad de cambiarlo cuanto antes.

Fuentes:

Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General:
http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/lo5-1985.html

Página web del Ministerio del Interior: http://www.elecciones.mir.es/MIR/jsp/resultados/index.htm

Voto inútil:
http://www.slideshare.net/guest8ae105/el-voto-inutil

Voto en blanco:
http://www.ciudadanosenblanco.com/index.php?option=com_frontpage&Itemid=1 votar

martes, 11 de mayo de 2010

Telépatas de sueños

A veces pienso que pienso demasiado en pensar y menos en actuar y actúo como si pensara que el acto que resulta de mi pensamiento no ha valido la pena si no paro de pensar en lo bueno y en lo malo de él una vez realizado. Los actos nos definen más que la algarabía de ideas que los preceden, porque éstas son mudas, no tienen el altavoz físico del que disfrutan las cosas hechas. Es triste observar como la mayor parte de nuestra vida en potencia se queda dentro de un recipiente de hueso, que posee todos los sentidos para exteriorizarla y sin embargo los desaprovecha en ese afán de retroalimentarse de jugadas maestras nunca arriesgadas y fallos garrafales afortunadamente esquivados.

Somos presos de nuestra propia conciencia. Algunos, los que reinciden, están incomunicados emocionalmente en una burbuja repleta de indiferencia. Otros se han castigado a latigazos en forma de anclajes en el pasado. Hay muchos que se escaparon de tal prisión y lejos de reinsertarse en una vida de libres sensaciones se dedican a construir alambres de espino en conciencias ajenas. Están aquellos para los que la conciencia es la ignorante libertad bajo fianza del “mal de muchos consuelo de tontos” y están los afortunados para los que ser preso de su conciencia supone la más hermosa libertad posible.

Nuestra incubadora de vidas paralelas necesita un mantenimiento adecuado. Las decisiones que tomamos dependen, en muchas ocasiones, de pocos grados “de conciencia” de diferencia y es preciso un termostato ajustado para no activar el relé equivocado y pasarnos de temperatura hasta quemarnos en escenarios de arrepentimiento futuro que el presente mentiroso oculta tras la pomada de la eterna promesa.

Un día te despiertas relamiendo el sueño que acabas de dejar atrás, apartas la sábana y pones tu pie derecho sobre el suelo helado que te despeja de golpe. Avanzas hacia el baño y enciendes la luz comprobando que la bombilla que perecía intermitente la noche anterior ha pasado a mejor vida. Te las apañas con la que sobrevive para vaciar la vejiga y darte una ducha rápida. Mientras te secas el pelo, dejas que el calefactor haga lo propio con tus pies y buscas en el reflejo del espejo al “yo” que quieres ser hoy y que no es otro que “tú”. Enciendes la televisión, añades tus cereales al bol vacío y salivas mientras la leche se derrama entre los copos. Hasta este momento, tu conciencia sigue en la cama jugando al infinito con el sueño que ya has perdido para siempre. Pero, sin darte cuenta, la llamas a gritos al mirar con tristeza las mismas noticias de ayer que pondrán mañana.

Todo lo ocurrido anteriormente pertenece a lo emocionalmente intangible de los universos paralelos. Existe otra vida en la que el sueño te invita a quedarte con él hasta que la alarma suene 5 minutos más tarde y otra en la que te levantas con el dichoso pie izquierdo y otra más en la que la bombilla ha arañado unas horas a su eventual final. También existe otro universo en el que te empeñas más de la cuenta en encontrar otro “yo” que no eres “tú” delante del espejo, lo que te impide desayunar en paz delante de las malditas noticias de guerra. Todo esto es destino, todo es inamovible en tu realidad. En la precisa realidad que vives en ese instante y no en otra casi gemela dónde hayas inspirado quizá una vez más por minuto.

Pero cuando tu “yo” inconsciente se engrana a tu conciencia y esta rige tus actos, comienza un pulso contra el destino para ver quién es más desequilibrante a la hora de dibujar la siguiente viñeta de tu vida. Abandonas los automatismos y comienzas a pensar mil y una alternativas y a sentir más allá de lo que te permiten tus cinco sentidos físicos. Cuando tu conciencia habla, sienta cátedra. Tu imaginación recorre los inabarcables caminos que van desde los más realizables imposibles hasta las realidades más imposibles de alcanzar. Todo, en el lapso de tiempo que transcurre durante la visión televisiva de un cuerpo de niña mutilado que hábilmente se diluye tras tus párpados en un pestañeo oportuno. Al abrir de nuevo los ojos ya has tramitado multitud de solicitudes para un mundo mejor, escritas con puño y letra conscientes y con visto bueno del corazón que te reclaman, como único destinatario, actuar por el cambio real del futuro global.

La elección será una y muchas solicitudes serán desestimadas. Un espacio-tiempo recién creado se abrirá paso tras la sonrisa del que presiente que va a cambiar su mundo para mejor. El mero hecho de ser consciente del error que supondría no serlo indica que la decisión tomada va por el buen camino.

Más tarde, te cepillas los dientes, te vistes de occidental aunque te conformarías con hacerlo de ser humano y mientras agitas las sábanas respiras el bello recuerdo de un cuerpo desnudo que te obligas a olvidar por pertenecer a la senda prohibida que tu conciencia emocional no querrá andar jamás. Asomarte a ventanas sentimentales abiertas de par en par da más respeto que simplemente abrirlas. Pues girar un pomo supone seguir aquel destino intangible mientras que analizar lo que se ve tras el horizonte que se avecina conlleva asumir el reto de conversar profundamente con tu conciencia. Entonces, la más compleja discusión se entabla entre un “tú actual” y un “tú hipotético” que se deja llevar por el deseo en vez de por la fuerza impulsora del amor incondicional, sabiendo de antemano lo fiel que eres tú a tal fuerza impulsora. Jaque mate a la hipótesis.

El día seguirá su curso de la misma manera que siempre lo ha hecho, en un continuo paseo al lado de destinos que abandonas en cuanto aparece la irresistible silueta de tu conciencia perfumada con puntos de inflexión que te harán agarrar otras manos y otro rumbo. Mientras tanto, cementerios de hipótesis quedarán atrás, como abortos de realidades que nunca llegarán a serlo.

Quién fuera telépata para las decisiones tristes y humano raso en las que apeteciblemente se libran de frente. Pero, qué cobardes seríamos al recurrir a la facilidad en la dificultad y esconder nuestros sentidos ante lo desconocido de lo que no apetece hacer. No existe consuelo para un genial creador de escenarios sin talento para pintarlos en lienzo, ni para el que compone para sí sinfonías imperecederas pero no acierta en ligar dos acordes de guitarra con sus dedos. Tampoco hay alivio para el que acariciaría con manos de terciopelo pero carece de la valentía necesaria para cubrir un cuerpo desnudo, ni la hay para el poeta de versos ardientes que perdió el tintero en un desván de su apocado corazón.

Efectivamente, no hay consuelo para ellos, porque no hace falta consolar a aquel que en su conciencia crea el más bonito universo y se esfuerza hasta el límite para ponerlo en paralelo con todo lo que tiene a su alcance. No hay mejor conciencia que la que posee un telépata de sueños, pues el que se comunica con ellos dominará el arte de abrazar los suyos y luchar por los de otr@s. votar

domingo, 21 de marzo de 2010

Aprendiendo de lo desconocido

Contradicciones selladas en tarros de miel, contradicciones dulcemente escondidas en el desván del pasotismo más cretino y difuso. Se acabó el miedo a lo desconocido en el preciso momento en que lo desconocido se presentó en mi puerta con un ramo de presentimientos positivos y un descarado apretón de manos.

Trajo dos mil versos de plata entregados en bandeja de palabras. Palabras hechas de hormigón y fuego sin el propósito de un título concreto ni el desenlace de una lágrima corriendo por mi mejilla. Dictados escritos en renglones torcidos con el suculento afán de que al leerlos se mostrasen derechos…al corazón.

Es curioso como me conoce lo desconocido, sabe más de mí de lo que jamás sabré yo de él y sin embargo desconoce tanto o más de él mismo de lo que yo me desconozco. Lo desconocido es más mío que suyo y pese haberlo tenido escondido bajo la triste llave del remordimiento ha esperado paciente a que lo liberara del injusto castigo de olvido al que lo había sometido. Unos dicen que son gotas de agua las que colman los vasos, en mi caso han sido unos preciosos ojos azules.

De algún modo mi olla a presión ha llegado a varias atmósferas y el vapor de ardiente inquietud hace silbar la válvula de mi conciencia. Mis fases REM me impiden conciliar la realidad, que así sea por siempre, si ese siempre se acuesta conmigo. Puede que recoja un puñado de lunas en noches estrelladas y en el camino se ilumine un poco mi cara oculta al sol del mero placer. Pero también puede que siembre una estrella en una noche de luna llena y me iluminen las dos caras a la vez. El poder del “poder” es infinitamente menor al del “creer”; el “poder creer” está en un punto intermedio. Pero me quedo sin dudarlo con el “creer en poder”, pues tiene mucha más fuerza de espíritu guerrero, desde la boca de un guerrero de la paz que da el amor.

Mi guerra es continua, mis batallas dispersas, mis paradas reconfortantes y mi meta inalcanzablemente alcanzable.

Pero yo sigo andando con ilusión, porque como dijeron un par de Antonios a la par que genios: “se hace camino al andar” y “sé que dependemos del poder de la ilusión”. votar

domingo, 14 de marzo de 2010

Mirada

Se encendió una vela y su mirada fue el más allá de las miradas, se deshizo la oscuridad y lo claro enturbió lo turbio. Las ideas derritiéndose en fondue de acero cerebral, un solomillo de ternura al punto y sus ojos “tinto reserva” para completar el maridaje perfecto. Una cena de labios revueltos y salteado de almas con orgásmico postre de carne trémula con arándanos.

Cuatro días antes, un capuccino con espesa espuma aireada de sonrisas. Música de fondo, tímida, sonaba en nuestros oídos sordos excepto de nosotros. Un par de pastas de té crujientemente debatidas y un batido de ilusión con fresa cargado de señales corporales dirigidas y excitantes. Tres horas de labia hipnotizante tumbado en el diván de su boca donde se construyen los más recónditos pensamientos de lujuria adormecida. Un “hasta pronto” que más pareció un “bienvenido a mi vida” y un par de besos de vibrante comisura.

Una semana antes, un impaciente mensaje de texto sin las abreviaturas del gremio la invitaba a una tarde de encuentro, al encuentro de un cuento no escrito aún, de final feliz sin principio empezado, o mejor, de eterno no acabar.

Nueve días ya de una copa derramada en su vestido blanco que hacía las veces de perfecto guante corporal, en un cuerpo cubierto que gritaba ser destapado de calor. Un pañuelo de papel de agua mojado limpiando la torpe mancha aliada en esta historia que no quiso ser mojado papel. Una cadena de nervios y disculpas cogiendo su mano para calmarla y calmarme a mí de paso. Su segunda señal, sus dedos imantados entrelazando el metal de los míos.

Nueve días y un minuto, la primera señal: una mirada, la mirada, esa mirada, su mirada. votar

martes, 9 de marzo de 2010

Mujer

Las palabras dejaron de ser suficientes para explicar con merecido detalle lo que significa tu escueto significante, allí donde se esconde el sentido eternamente inacabado con el que definiste, defines y definirás la vida de los hombres (y de vosotras mismas) que se cruzan en tu camino.

Me río yo del primer chiste de la historia, ese que trata de un Dios que te creaba de la costilla de un hombre al que luego tentabas a comer la manzana del pecado. Quién fuera costilla tuya para vivir todo el día en tu pecho y comer de tu boca cestos de pecado por ti suministrados.

Eres el origen y el destino de los viajes más profundamente sondados por los sueños, pues escribes en la memoria con la tinta indeleble de los besos y caricias dados, prendes la imaginación del deseo irrealizado y prometes un dédalo de sentimientos del que no se puede ni se quiere salir jamás.

Por ti los hombres somos completos y sin ti no somos incompletos sino que somos en vano. Pues dichoso de aquel hombre (o mujer) que sea feliz sin una mujer al lado, habrá sido dotado con el don de la felicidad sin la felicidad a su lado.

Es triste convivir con una historia que os ha esquivado, en realidad la historia que el hombre ha inventado. En la real, no hay explicación posible a tanto logro sin vosotras de dictado y tanta penuria desatada del cordón que habíais fuertemente enlazado. Pues es bien conocido lo fácil que es deshacer un nudo sin conocer en absoluto como se ha creado.

Orgullosas y firmes se os ve ahora andando. Hace tiempo que os liberasteis del corsé de cruel sometimiento al que os habían acostumbrado. Que excitante es veros libres de tabúes infundados, mostrando todo lo que sois sin espejismos obstinados. Que placer amaros sinceramente cuando sois libres de elegirnos sin soslayos.

Lo normal se vuelve palpable y lo pasado se pudre como el papiro cuarteado. Hombres y mujeres de la mano, uno al lado del otro, corriendo al mismo paso. Os giráis para mirarnos a la cara y decirnos con merecido descaro: por fin hemos llegado a lo que sencillamente somos y no a lo que deseamos.

Un beso a todas. votar

lunes, 8 de marzo de 2010

Para el que se rindió ayer…

A ti que “eres un defensor de las causas perdidas y los amores imposibles”, te diré que las causas de las que hablas no son localizables si ellas mismas no anhelan ser encontradas y esos amores son, posiblemente, fruto de tu capacidad innata de hacer castillos en un aire sin pilares de justa correspondencia (en eso tú y yo somos expertos).

Tú que “defiendes los sentimientos con uñas y dientes frente a la imposición de la razón” y al fin claudicas, te aconsejo que no lo hagas porque perderás tu esencia. Diría que te equivocas en el planteamiento, pues hablas de sentimientos que son tuyos (o tal vez de los dos) y razones que son ajenas (y por tanto no controlables), probablemente erróneas y seguramente incomprensibles, pero no son tuyas, así que deja de moldearlas. Ella impondrá sus razones a sus sentimientos quizá amordazados, pero no eres tú el que ha de liberar el pañuelo de una boca acostumbrada a morderlo. Es un pañuelo que ha de ser escupido y no arrancado.

Tú que “nunca has creído en la resignación y en encoger los hombros”, has de aprender a hacerlo ante contratos sentimentales donde la otra parte rehúye firmar. El escéptico no eres tú. Tu oferta hace tiempo que está en el mercado (demasiado tiempo quizá) y quien no la quiera tomar, se lo pierde. Pero deja ya de trabajar de comercial para la empresa de tu amor. La calidad que atesoras no es digna de ser publicitada en cuartillas de papel reciclado entregadas en mano.

Afirmas “rendirte porque te obliga a ello”. Perdona, te rindes porque no quiere que luches más y eres tú el que deberías obligarte a no luchar por alguien que no quiere ser causa de tal esfuerzo.

“Te rindes sabiendo que te quiere”. No dudo que lo haga pero estoy convencido que no comparte la intensidad de tu sentimiento, ni la valentía del que se tira a ese abismo sin dudarlo, ni arde de ganas por quemarse en el fuego distinto del que tú hablas, porque si así fuera, la intensidad, el valor y la llama vencerían al poder de sus “razones”.

“Solo pides que sienta como tú sientes” y estás pidiendo el más imposible e injusto de los ruegos. ¿Por qué reclamar para ti lo que tú ofreces pudiendo ofrecerlo con la fortaleza del que no pide nada a cambio? No te das cuenta que quizá ofreces tanto que es inalcanzable igualar para la otra parte. Por una vez en la vida háblate de ti y no le hables de ti.

Por último y con respecto a: “lo que más me duele es que no lo entiendo”. Te recomiendo que no intentes entender lo que la otra parte entiende como normal cuando tú lo ves incomprensible. Simplemente respétalo y hazte a un lado. Habláis idiomas emocionales distintos o quizá escucháis a diferente frecuencia. Independientemente de la causa, el hecho es que si la otra parte no está dispuesta a encontrar una estación común, lo mejor es que cada uno escuche su propia música.

El dolor de la incomprensión solo es superado una vez se comprenda el origen del mismo y entonces la solución es aplacarlo con la más dura de las amnesias.

Wate, lo que vales tú no merece ser obviado, mas el peso de las “motivos” ajenos no son ponderables con tu balanza. Empieza por hacerte merecedor de tu valía que es lo único que te falta para alzar palacios desde el suelo de los sueños. votar

miércoles, 24 de febrero de 2010

La revolución de los subconscientes tardíos

El día menos pensado me iré a tomar un café, de esos de 4 horas, y volveré sin más atuendo que mil soluciones para arreglar el mundo en general y mío en particular. Será uno de esos días de calor infernal, uno de los que te calienta no solo la piel si no más las neuronas y te destapa el tarro de las esenciales esencias del ser humano que a menudo guardamos en el congelador inhóspito del subconsciente tardío.

Cruzaré la calle cada vez más llena de sin papeles empapelados de sinrazón, vagabundos de tragicomedia muy real y bolsas de plástico repletas de innecesario vacío. Llegaré a mi cafetería habitualmente llena de gente preocupada de su día a día pero más de su pasado mañana y me sentaré en una de esas maravillosas sillas de diseño que fueron antes nativa madera de un bosque arrasado del Brasil, eso sí, de diseño. Al azar cogeré el periódico manoseado por unos cuantos curiosos, unos menos lectores de titulares y unos mínimos lectores de periódicos.

Empezaré por las noticias locales, porque me pillan más cerca y tardo menos en cogerlas: tratarán de la especulación del constructor Fulano consentida por la bonita acción de cohecho llevada a cabo con su buen amigo Mengano que desgobierna mi cada vez más ciega ciudad de ladrillo rojo y siluetas de hormigón, donde solía haber genuina huerta de vida.

La sección de política me servirá para darle el primer sorbo al café solo y por tanto amargo pues está solo y solo es café. Así enmascararé la verdadera amargura de úlcera estomacal que provoca la compraventa de voluntades, la unificación de los tres poderes originalmente independientes y la cara más dura de cirugía estética, pagada con los votos que cada 4 años tiramos (nunca mejor dicho) a las urnas (quienes los tiramos, claro está).

Mientras espere a mi acompañante, me deslizaré sutilmente por la sección de humor, es decir, la de economía para ver de nuevo los beneficios estratosféricos de los bancos. Porque siguen siendo ganancias pese haber disminuido el incremento de las mismas. ¡Vaya hombre! Resulta que no han ganado más porque parte de sus beneficios la destinan a provisiones frente a morosos. Es que mira que son cabrones los morosos que no pueden pagar la hipoteca o el crédito porque se han quedado sin trabajo porque a la empresa donde trabajaban no le concedían un crédito para hacer frente a las deudas que no podían afrontar debido a los retrasos en los pagos de los proveedores que no podían pagar por el mismo motivo…pobres bancos, pobres y sufridos dirigentes de los mismos, pobres desgraciados, desgraciados pobres…

Cuando llegue mi acompañante dejaré de lado el periódico y juntos leeremos las miradas de la gente de alrededor, por eso me situaré donde a mí me gusta, en un esquina, como siempre. Desde nuestra tribuna de espectadores privilegiados disfrutaremos del teatro en vivo y en directo del café de las seis. Mucha juventud de marca rica, que dejan marca blanca de postín con las inquietudes de las que hacen gala; adultos transgresores en un pasado que parece distante, incrédulos ante la recompensa fútil tras todo lo luchado; ancianos resignados ante el ocaso de un ciclo que se acaba con la misma incertidumbre en el futuro que cuando empezó su pasado.

Hablaremos largo y tendido de sociedad, política y amor. Arreglaremos el mundo añadiendo el azucarillo al café que resta frío en la taza y reiremos a carcajadas con la revolución que se avecina. Porque para bien (y no para mal) llegará el día en que tras el café de las seis y saliendo de nuevo a la calle, nos tropezaremos con más ingenuos preocupados por el bien y ocupados más de la cuenta por el mal de todos. Nadaremos en ese clima de rabia del que surgen las mejores ideas o más bien las ideas con menos cortapisas de conciencia. Una conciencia vidente del bien de la conciencia común, que por ser común no es simple si no más bien complejamente global.

Con simbiosis de colmena humana, dejaremos de recoger miel a las órdenes de la reina con el único objetivo de vivir recogiéndola, como hacemos ahora. Pasaremos entonces a recolectar la miel para lamernos nuestros propios labios y untarla con cuchillo romo sobre los más bonitos sueños. Sueños de libertad real y no fingida ni adquirida. Sueños sin predestinado despertador y de periodo REM perpetuo.

-¿Falta mucho para ese café?- Me preguntaré mañana y pasado mañana, porque hoy todavía no me lo he tomado. He probado, eso sí, la miel encargada por la reina y aunque todos los días me guardo una cucharada para mi yogur me sigue sabiendo más amargo que el café que no me tomo. Todo porque el regusto es triste en el paladar seco de quien se queda pálido y taciturno por tragarse el dulce envenenado de derroche que encubre esa miel recolectada a costa de más lágrimas y sangre que de sudor.

¿Cuándo acabará la ignominia del sometido? ¿Cuándo nos levantaremos del suelo para volar por los aires? ¿Cuándo seremos dueños de nuestra libertad y no libres de elegir nuestra condena? ¿Dónde acabará nuestro principio sin un final de película? ¿Sabremos descifrar la hora adecuada para actuar mirando en nuestro reloj sin pilas? ¿Llamaremos entonces a quienes queremos para decirles que lo hemos conseguido, que nos hemos quitado el yugo que nos oprime el alma y esfuma nuestro anhelo utópico de reírnos tan solo por vivir en vez de llorar por nuestra vida? ¿Lograremos saltarnos la memoria de recuerdos dolorosos o aprenderemos a utilizarla como el arma más destructiva contra los más horribles futuros de destrucción masiva? ¿Será la vida que viene capaz de humanizar al humano o será éste el que consiga finalmente convertir la muerte en nuestra vida y por tanto la muerte en su función?

¿Sabremos escuchar los gritos que nuestros gestos, por acción u omisión, provocan en el subconsciente de esa conciencia global?

Ese subconsciente tardío y oculto que no te habla pero que no para de hacerte sentir y que espera no dormirse jamás a base de cafés en buena compañía… votar

Un visionario

Arturo Pérez-Reverte es un periodista y escritor que recomiendo leer encarecidamente. Es muy probable que no estéis de acuerdo con lo que expone en algunos de sus artículos y columnas, es más que probable que os parezca soez y vaya de sobrado. Tampoco logro descifrar de que pie cojea ideológicamente (ni me importa en absoluto) si es que realmente cojea de alguno (porque, desde luego, no se casa con nadie y eso es algo a valorar). Ante todo es un hombre que escribe muy bien, dice las cosas muy claras y directas y es un visionario. Para muestra este botón:

Artículo publicado en "El semanal" el 15 de noviembre del 1998 (sí, sí, 1998).

`Los amos del mundo´

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del ordenador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro. Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo. Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.


No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro. Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, y meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.


Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, oh prodigio, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no. Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recae directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia, con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros y a veces con su puesto de trabajo Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Arturo Pérez-Reverte

Si queréis seguir disfrutando de sus artículos, os dejo el siguiente enlace:

http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentecorso

No tiene desperdicio. votar

martes, 26 de enero de 2010

Un ecosistema nocturno

El humo llenaba de olor gris la oscuridad de la sala. En una esquina el alcohol golpeaba el dedo pulgar del ebrio escritor de mensajes de texto de arrepentimiento matinal. A su lado dos amigas susurraban al oído lo que pagarían por ser tocadas con ese y el resto de los dedos de esas manos.

Tras una columna y apoyada contra ella, una copa de ron con cola sujetaba el corazón del dueño de los ojos más tristes de la noche. Ingenuo, esperaba una imposible llamada de esperanza por parte de alguien no merecedora de esa espera.

Dos cazadores afilaban sus deseos de ser presas de sendas mujeres fatales. Mientras ellas, ignorantes, se dejaban querer por las seguras miradas de un camarero, conocedor de la ventaja de la que parte por estar detrás de una barra: desde allí los ojos son ojazos, los labios, carnosos y la superficialidad la más profunda de las profundidades.

Bajo un amplificador un grupo de miradas perdidas y bocas desencajadas creían estar disfrutando de una noche inolvidable, cuando no iba a ser más que una nebulosa opaca al despertar del día siguiente tras el coma neuronal autoprovocado.

En el centro de la pista y alumbrados de neón dos cuerpos vestidos de sentimiento se enzarzaban en un baile que más parecía un abrazo sellado al vacío. Alrededor un coro de envidia humana les animaba a seguir haciendo lo que todos desearían estar haciendo.

Un solitario bebedor de tequila reclamaba otro más en su cuenta a una voluptuosa morena que mostraba su total indiferencia mientras separaba dos malditos cubitos de hielo siameses. “Qué triste borracho”- pensaría cruelmente ella. Al fin y al cabo a ninguno de los que estaban respirando esa infumable atmósfera les importaba que hubiera visto morir esa misma mañana a su mejor amigo tras un jodido cáncer de pulmón. “Hoy me fumaré y beberé todo lo que me has dejado a mí solo,…solo, me has dejado solo, maldito cabrón”-lloraba, tapando con temblorosas manos, las lágrimas amargas de impotencia y desesperación.

Risas se oían a escasos metros en una escena contrariamente divertida. Treintañeros de una cena de promoción del colegio jugando a pasarse el hielo. Años de reprimidos instintos primarios destapados como el cava en nochevieja. Mar ya no era la del aparato pararrayos y el bigote, que no pelusa. Juan era la mitad de lo que era con 14 años y sus michelines habían dejado paso a un vientre plano de gimnasio. El hielo, la excusa. Ya se derretirían ellos horas más tarde…

“Mira que monadas”- Comentaba un incipiente canoso con aires (brisas) de George Clooney a su encorbatado ejecutivo de Wall Street que hacía las veces de acompañante. “¿Has visto el cartel de geriátrico al entrar?” Se quejaba una lolita a su moderna amiga tras ver semejante panorama. “No es país para viejos” como dirían los hermanos Coen.

Entre tres divas de silicona jugando al ping pong con un empleado a tiempo completo en el gimnasio y dos ermitaños de cigarro perpetuo, barba poblada y cerveza fusionada en la mano, se distinguía una sonrisa de dientes blancos adornada con dos labios de revista. No era ni alta ni baja, con curvas antianoréxicas que desafiaban la gravedad de las miradas. Mil rizos de película en blanco y negro pero ojos en technicolor que atravesaban el humo gris formando un arco iris en mi retina. De gestos lo suficientemente pausados para acelerar los ritmos cardiacos de cualquiera dentro de su campo de fuerza. Afortunadamente caí en él cómo un mosquito en la lámpara ultravioleta, hipnotizado por la vibración de su cadera a izquierda y derecha. “Una mirada tuya bastará para sanarme”- me dije. Y me miró y me curó todo lo curable.

En ese momento olvidé la música y el espacio, mi bebida y mi vergüenza. Deje de buscar, había encontrado a la reina de la selva en este inhóspito ecosistema. votar

domingo, 10 de enero de 2010

Apología de la belleza

Venían corriendo del mal todas las palabras
vertidas de bocas secadas de alegría
por ser tristemente habladas sin otra vía
que la iluminada por sus mentes macabras.

Fue entonces cuando la esperanza susurró
su cálido canto de habitual melodía
para luchar con inexorable energía
contra las cicatrices que el tiempo no curó

La mente no puede pedir jugar a las cartas
cuando el instinto reclama un solitario
el corazón nunca es del azar partidario
y las manos de barajar están ya muy hartas.

Mas siempre habrá espacio para la alteza,
razones, pasiones y sentimientos unidos
en armónica y sin par comunión vividos
para definir a la auténtica belleza.

No es lo malo sino lo bueno sin vivirlo
lo que produce el dolor desde lo amargo
de no ver en lo feo todo bello letargo
en hielo oculto, o no saber derretirlo.

Así pues a vuestras almas heridas les pido
que olviden raudas y prestas tanto hastío
levantando los pesados párpados con brío,
verán la belleza donde yace el sentido. votar