viernes, 25 de diciembre de 2009

La tríada del ser.

Charlando hace unos días con una futura arquitecta se encendió una luz en mi cabeza cuando me habló sobre Vitruvio y su denominada “tríada vitruviana”. Este arquitecto del siglo I a. C. sostenía que la arquitectura descansa sobre tres principios: la “belleza” (Venustas), la “firmeza” (Firmitas) y la “utilidad” (Utilitas). Así, una construcción ha de encontrar el equilibrio entre estos tres elementos para ser “completa”. Independientemente de que este romano estuviera o no en lo cierto me quedé con su tríada para hacer mis comparaciones.

Desde que nos construyen tras el desahogo de la pulsión hecha pasión hasta que nos retocamos nosotros mismos cuando ya somos conscientes de nuestra identidad, se recorre un largo camino de altibajos que da como resultado lo que somos ahora mismo y que determina lo que seremos al instante siguiente, que ya ha pasado.

En la visión de esa luz encendida vi al ser humano dividido en tres partes diferenciadas pero irremediablemente conectadas: racional, instintiva y sentimental. La parte racional la asocié a la “firmitas”, la instintiva a la “utilitas” y la sentimental, como no, a la “venustas”.

Todo me queda mucho más claro visto desde este prisma imaginario que te descompone en tres como a la luz la descompone en los diferentes colores del espectro visible.

La parte “racional” es la fuerte de las tres. La que te da dureza frente a los golpes, la que te hace impermeable a las atmósferas de presión externa y te permite permanecer en tu sitio pese a terremotos de grado 8 en la escala Richter emocional. Sensata como ninguna, fría y con la calculadora en mano siempre para poder representar en gráficas de tendencia tus futuros alternativos fruto de tus decisiones actuales. Es la que más alejada vive de tu presente y la que más tiene en cuenta tu futuro (laboral, económico, logístico, sentimental, familiar, social…). Tras sus gafas de sabio, se atusa la barba blanca y discurre acerca de la teoría de porqué lo bueno es bueno y lo malo es malo y lo que se queda en medio suele juntarse con lo malo también. Es aburrida pero siempre tiene la “razón”, evidentemente.

No tiene complejos, no le busques las cosquillas porque no se las vas a encontrar. No tiene rival cuando se enfrenta a las otras dos por separado. Pero suele perder por KO directo cuando se alían en su contra. “La unión hace la fuerza” le dicen cuando permanece sangrando tumbada en el suelo…

La parte “instintiva” es la adolescente. Es la que lanza un beso sin pensar en el maremoto que puede causar en el océano helado de tus sentimientos y resquebraja los cascotes de hielo polar racionalmente creados. No mira por donde va, ni falta que le hace, porque si se da un golpe, ahí estará papa “racional” para curarle la herida y mamá “sentimental” para justificar su torpeza de algún modo y quitarle hierro al asunto.

Es la malcriada, la que no aprende jamás y se le consiente todo. Al fin y al cabo es la más etérea y por durar poco se le permite que disfrute al máximo sin pensar en las secuelas. Te da chispas de descarga descomunal y se extingue con el clic del interruptor que acciona la realidad a largo plazo. Es la traviesa, la divertida, la loca y como no, la indomable.

La parte “emocional” es la idealista. La que imagina un mundo maravilloso de colores vivos cuando el día ha salido nublado y amenaza tormenta. La que se desintegra en el dolor cuando caen las primeras gotas y se esconde bajo la manta tras los primeros rayos y truenos. La de la visión particular, la que amasa la vida a su antojo, dándole las formas más inusitadas y la cuece en el horno a fuego lento, muy lento para percibir el aroma de los volátiles cuanto más tiempo mejor. Ciega ante la maldad, esa que tan bien atisba la parte “racional” y tan bien ignora la parte “instintiva”. Prefiere el sufrimiento de la pérdida a la pérdida del sufrimiento del no empezar. Aunque luego derrame lágrimas amargas de adiós anticipado cuando la obra no llega a su acto favorito.

Llena de filtros auto-insertados para modular los mensajes exteriores. Ella oye la teoría de la “racional” y escucha: “porqué lo bueno es maravilloso y lo malo no lo es tanto y lo que está en medio es…¡buenísimo!”.

Se lleva “demasiado” bien con la “instintiva” y hacen el tándem perfecto. Cuando quedan a tomar café acaban cenando con velas y durmiendo desnudas en la cama tras el arrebato de pasión que construyen con miradas. La “racional” se queda en el despacho de al lado, repasando apuntes…

Nosotros somos la suma de las tres. Ni más ni menos. Es un balance donde activo y pasivo tienen que cuadrar por fuerza. El problema aparece cuando no están compensadas y es un asunto de complicada solución. El que viva anclado a una de las tres partes permanecerá varado para siempre sin posibilidad de navegar por esta vida tan suficientemente corta.

El “racional” sabrá más que nadie y vivirá menos que nadie, que ya es vivir poco…
El “instintivo” se ahogará en placeres de infinitesimal recompensa y siempre se sentirá insatisfecho.
El “sentimental” vivirá una vida de altibajos profundos marcados en las cicatrices que quedarán de testigo.

La clave es el debate interno de tolerancia máxima. A la “racional” hay que llevarla a emborracharse de vez en cuando para que mire la vida con ojos ebrios de ilusión. A la “instintiva” hay que castigarla más a menudo en su habitación sin más compañía que el recuerdo de un dolor inolvidable. A la “emocional” hay que convencerla, con palabras sabias, de que el amor hay que vivirlo al máximo y el dolor olvidarlo conforme entra por la puerta, para no reconocerlo más, aunque aparezca de vez en cuando por el salón de tu casa.

Esa casa que es tu vida, amueblada de algunos trastos viejos de los que no te quieres deshacer, decorada a tu estilo inconfundible y con el deseo irrefrenable de hacerla más y más grande para que quepa todo lo que tuviste, tienes y tendrás.

La tríada del ser o cómo ser tres en uno y no morir en el intento. votar

Un año más...

…infinitos instantes de vivencias comprimidas en un disco compacto de 365 días 6 horas 9 minutos y 9,76 segundos. Segundos cargados de sentido y horas eternas de desperdicio superficial. Pero un año único y exclusivo para los amantes de la vida en vivo y en directo. De momentos irrepetibles cargados de vivencias repetibles gracias al sustantivo enamorado del ayer: el “recuerdo”.

Deseo que este espacio temporal se haya transformado en fuertes conexiones neuronales y bombeos extra al corazón para lo bueno y en amnesia irreversible para lo malo. Pero, sobre todo, que si lo miráis con la distancia más larga que existe (la del tiempo) siga siendo un año inolvidable.

Nadie borrará el llanto desgarrador de la pérdida de esa persona que tanto significaba, pero te deja a ti de legado y le debes tu sonrisa para que nunca os olvidéis el uno del otro. Estés donde estés tú y esté eternamente ella donde esté.

Tampoco olvidarás la sensación de sostener con tus brazos a ese pequeño ser que llegó por encargo a este mundo loco que no lo es tanto desde que lo miras agarrado a tu pecho, lo hueles con tu nariz entre sus cuatro mechones y lo notas con todo tu cuerpo.

No podrás volver en el tiempo para decir aquello que te callaste y que tanto hubiera hecho feliz a otra persona. Pero, en cambio, abrazaste a ese amig@ en uno de sus peores momentos y lo devolviste a la realidad con nuevos ojos brillantes.

Gritaste barbaridades en caliente, mas susurraste calor en frío…

Llamaste a quien no debías cuando mejor hubiera sido callar a quien debieras. Pero colgaste al que te llamó sin deber y hablaste a quien te debía escuchar.

Olvidaste más de la cuenta lo esencial y prioritario en tu agenda, pero siempre por recordar a alguien esencial y prioritario en tu corazón.

Amaste incondicionalmente al indeciso o en realidad condicionaste tu amor al pulso con el destino, en todo caso amaste y esa es la forma más perfecta de la geometría sentimental. No importa el resultado en una ciencia tan subjetiva como esta, pues tu planteamiento era el adecuado y tu examinador es la siempre comprensiva conciencia.

Te escondiste en las trincheras de la duda esperando respuestas fáciles para triunfar en batallas difícilmente ganables. Huiste hacia delante y hacia atrás cuando más te hubiera valido quedarte quieto y pensar. Saltaste las normas de tus principios por la promesa blanca de tus prohibiciones. Da exactamente igual. Ahora eres tú, un año más persona de lo que eras. Un año menos imaginación y más realidad. Eso es orgullo.

Sabes todas tus mentiras ocultadas y tus verdades calladas, pero también ignoraste las recibidas, tanto unas como otras. Eso son tablas.

Si hiciste llorar al menos indicado en las ocasiones más dolorosas, supiste aprender a llorar con el dolor de las ocasiones menos indicadas para hacerlo. Esto no son tablas, esto es crecimiento personal.

Puede que te entretuvieras en charcos de barro con los pies descalzos durante la senda hacia el 2010, pero sabías del lago cristalino que había al final, así que no te arrepientas de las manchas conseguidas en tu camino. Considéralas la señal de que has vivido.

Todo ha sido señal, todo es significado, todo será todo, el año que viene.

Un abrazo a tod@s.

No os olvidéis jamás de sonreír. votar