sábado, 21 de noviembre de 2009

En mi mundo

Corriendo por los atajos de mi mente, desesperado por encontrar respuestas rápidas, lo hago, pero son lo suficientemente precipitadas para aprender que los senderos más difíciles y largos te hacen experto, sabedor y practicante de emociones que no entienden de espacios ni tiempos y de intensidades que en ningún espacio ni tiempo podrán encontrar el significado que tuvieron en su momento.

Recreándome en latidos que se oyen al dejar de respirar, lo suficientemente cerca para adivinar la temperatura de su piel y lo necesariamente a gusto para no querer separarte jamás. Estados de placer supremo en dosis justamente entregadas para hacerlos más adictivos, más deseables y sobradamente inolvidables.

Sin embargo, tres trozos de mi verdad cayeron al eco de su alma vacía de mis mentiras o llena de sus verdades. En sus paredes resonaba mi voz y el sonido volvía a mis oídos con palabras que ya no comprendía, transformadas por la duda y el miedo de sus pensamientos. Mi verdad partida se quedo huérfana de sus trozos de vida que gritaban verdades a medias y mentiras piadosas, con las que me conformaba.

Con dos sillas enfrentadas y un metro de por medio, un café con un dedo de espuma más los dos de su cerveza y los codos apoyados en la mesa para sujetar con sus manos su cara. El pelo sobre el dorso de las manos y los ojos perdidos en algún lugar que nunca lograré averiguar. La vibración de ese momento emborronaba el escenario, el contexto y la fecha. El resto del planeta no existía y el aire que entraba en la escena salía transformado en suspiros de ensoñación. No hacía falta nada más.

La lucha interna entre razón y corazón sólo tiene un perdedor: yo. Prefiero perder el corazón hoy y la razón nunca y encontrarme yo, pese a que no me sitúe ni en mi propio laberinto. Perdedor de corazón por principio, ese que asegura que la pérdida ahora es tan necesaria y real como el encuentro de mañana. El encuentro en el que no hay lucha interna y la externa se libra con caricias y besos inmortalmente dados.

Seguiré atrapado en ese mundo de fantasía donde el amor es la moneda de curso legal y la pasión no solo aflora en los negocios del mercado negro, las cárceles son para los indecisos y los palacios para los románticos. Los sueños realizados son ciudadanos de pleno derecho y “la verdad” es la embajadora de las naciones unidas por el corazón. La esclavitud de sentimientos contradictorios está abolida y las conversaciones con miradas a los ojos son la octava maravilla.

Ese mundo del que no saldré jamás… votar

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