lunes, 26 de octubre de 2009

Animales sociales

Una amiga comentaba el otro día si son necesarias las relaciones de pareja para ser feliz. Ella sostenía que no. Sin utilizar sus palabras exactas venía a decir que somos seres individualistas cuyo fin último es nuestra propia felicidad y que para alcanzarla nos podemos autosatisfacer. El vínculo de relación y la dependencia que conlleva acaba minando la libertad y en último momento la felicidad.

No niego que existan personas más individualistas, más propensas a la introspección sentimental y a la soledad emocional. Pero dudo que esto sea la norma. Y lo dudo por un mecanismo propio de protección que se resiste a pensar que lo solitario es mejor que lo compartido.

Esas tardes de domingo, lluviosas, de noviembre, con 2 grados centígrados de temperatura, viento intenso y cielo relampagueante son un auténtico placer vistas desde tu sofá con el pijama puesto y la manta hasta el cuello acompañado de una de Woody Allen o una maratón de “Californication”. Pero no tienen ni punto de comparación si le añadimos el calor de un abrazo por la espalda tumbados, con cuatro pies fríos entrelazados.

Levantarte a las 9:00 del sábado con un día despejado y brillante, de suave brisa y olor a césped recién cortado, junto con una ducha fría, el olor a café invadiendo la casa y todo el día por delante para ti solo está muy pero que muy bien. Pero si compartes la ducha, acompañas el café con unas tortitas con mermelada y nata para dos y el día se convierte en un picnic bajo la sombra de un árbol milenario o un paseo descalzos por la arena todavía fría en la playa, sinceramente, no hay color.

Encerrarte en tu cuarto, mirar al techo y maldecir en solitario durante horas por todo eso que te está haciendo daño puede ser un buen método de desahogo. Pero mucho mejor es tener un hombro en el que llorar y esos oídos en atenta escucha de un buen amig@. Y el no va más es si ese hombro y esos oídos se acompañan de una noche de caricias, abrazos y besos reparadores.

¿Qué mejor que uno mismo para regalarse un buen orgasmo un día cualquiera? Pues el regalárselo a alguien más en esa cita inolvidable con una vela de testigo, tras una hermosa charla sin palabras horizontalmente llevada a cabo, tras alegrarte la vista con su cuerpo desnudo, tras liberar el botón enemigo de su pantalón, tras recorrer tus manos por su espalda de gallina, tras haberos hablado con labios impacientes, tras ese cruce de miradas que paró el tiempo eternamente en un segundo y dio lugar a todo lo anterior.

La soledad es necesaria en muchas ocasiones y la libertad del tú solo contigo mismo y con tu mecanismo no es comparable con la libertad de una relación, pese a que ésta sea comprensiva y abierta. Pero las endorfinas que generas en solitario no llenan un vaso y las que viertes en compañía te colman un océano.

Mirarte a ti mismo en el espejo, no deja de ser un triste acto de auto-reconocimiento. El mirar a los ojos de la persona que quieres y saber exactamente lo que están diciendo es reconocerte en ella y en este caso te estás viendo desde fuera con la mirada más bonita que puedas desear.

Lo individual es tuyo lo compartido también es vuestro… votar

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