domingo, 6 de septiembre de 2009

Incertidumbre

Sabes de sobra que cuanto más vueltas le des más girado estará, pero sin embargo lo volteas, lo miras desde arriba, por debajo, transversalmente… Te metes dentro y lo ves hacia fuera y acto seguido lo ves como espectador a un milímetro de distancia y luego desde dos años luz…

También lo agitas por si cae esa pieza que te incomoda, esa china en el zapato que está situada equidistante de tu corazón y tu cabeza. Tu razón duda razonablemente que puedas salir de tu laberinto de sentimientos. Tu corazón, hace tiempo que tiró la toalla en busca de una solución.

Saboreas las mejores especias que existen pues estás en el mejor momento de tu vida y todas te saben diferente a lo que habías pensado: el tomillo te sabe a nuez moscada, el cilantro a laurel y la menta a canela… ninguna encaja en tu lengua, ninguna idea encaja en tu cerebro y todos los huecos vacíos están, efectivamente, vacíos.

Te lames las heridas como un gato para después acariciártelas con las afiladas uñas de tu garra. Quieres y no puedes y cuando lo intentas no sólo no lo consigues sino que lo haces al revés y cuando lo pones al derecho gira 180 º el mundo a tu alrededor. Tú corres y el mundo corre más rápido, más bien escapa de ti.

Suspiras por tiempos mejores (o más fáciles). Aquellos días en los que pintar en tu cuaderno con ceras “Manley” era tu pasatiempo preferido. Cuando tu máxima preocupación era saber que había para comer y si 11/2 es 5. 5 por 2 son 10, de resto 1; añado un 0, miro al divisor 10 entre 2 es otra vez 5; pongo una coma detrás del 5 anterior y me queda 5.5 y de resto 0…

Te cansas hoy de hablar contigo mismo de lo mismo que hablaste contigo mismo ayer. Es una conversación de sordomudos. Tú te dices cosas siendo sordo, a ti mismo siendo mudo. Lo que te mueve es fugaz y lo que te para es pesado para moverlo y aún así lo mueves porque ese movimiento es ese fugaz que te incita a seguir tu camino.

Las vendas de los ojos ya no te ciegan. Se han convertido en paños de agua fría para disimular las lágrimas; esas que derramaste de los golpes que te diste por ir tapado. El dolor, que nunca fue físico, se va disipando hasta que el trapo pierde frescura y se seca. Será mejor que dejes la herida al aire que todo lo cura.

Así que aunque quieras sentirte mal por todo lo malo del mundo, el mundo seguirá girando sin percatarse del herido. Lo bueno que tiene ese mundo despistado es que también gira con muchos enfermer@s que algún día fueron también heridos, heridos curados, enfermeros sanos.

Cada día que pasas mirando con tristeza el cielo nublado es un día menos para que una mano en tu hombro te gire, otra te acaricie la nuca y dos labios despejen las nubes…

La esperanza siempre seguirá intacta… votar

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